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¿Te sientes estresada y no sabes por qué? O quizá ya sabes por qué pero no sabes cómo gestionarlo…

¿Sientes que no tienes el control de tu vida, que te pierdes en mil actividades pero no te encuentras a ti misma?

¿Eres una mujer “multitarea” y sientes que no llegas a todo?

¿Llevas tiempo intentando tener una vida más calmada y has probado de todo, pero no avanzas?

¿Te han dicho mil veces que necesitas yoga, meditación, mindfulness y distintas técnicas de relajación pero eso no va contigo?

Yo también he estado ahí, yo también llevaba una vida estresada y ¡no lo sabía! Yo también me sentía arrastrada por el ritmo frenético y pensaba que la culpa era de otro. Yo también quería controlarlo todo desde fuera. Yo también he sido multitarea y pluriempleada, y me abandoné a mí misma. Yo también he probado yoga, meditación, mindfulness y sentía que me faltaba algo…

Porque también he estado ahí y ahora estoy aquí, en CAlma, quiero y puedo ayudarte. ¡Porque tú te lo mereces!

Coaching con Alma es para ti si…

ERES

activa

vivaz

luchadora

comprometida

la alegría de la huerta

pero a veces

TE SIENTES

estresada

angustiada

sin energía

desmotivada

sin chispa

• Si sueñas con una vida más satisfactoria y equilibrada, con tiempo para ti y lo que es importante para ti

• Si te has dado cuenta de que entre lo que HACES hoy en día y lo que te gustaría SER hay un abismo…

• Si estás dispuesta a ser la protagonista de este cambio en tu vida, responsabilizarte del proceso y dedicarte tiempo para vivir tu sueño…

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Patricia Palomar Recio

Soy Patricia Palomar Recio, coach certificada por ASESCO (CAC Nº 10811) y formadora.  Soy vital y sensible, alocada y responsable, perseverante –que no cabezota– y muy proactiva y auténtica. O al menos eso dicen de mí;)

Me apasiona la conexión con las personas. Es el hilo conductor de mi vida y trayectoria profesional primero como intérprete, después en el ámbito de la cooperación al desarrollo y posteriormente en la enseñanza. De este periodo, también rescato que soy Licenciada en traducción e interpretación (inglés y francés) y me defiendo en otros idiomas (lengua de signos española, hindi, italiano, etc), cursé un Máster en diplomacia y relaciones internacionales y el Certificado de aptitud pedagógica. Si quieres saber más a nivel académico y profesional de mis vidas anteriores (en las que, como puedes ver, estaba aquejada de titulitis;)), puedes pinchar aquí

En esta vida que conscientemente he elegido vivir me he formado en coaching cursando un Máster en Coaching, inteligencia emocional y relacional y ciencia cognitiva de la Universidad de Alcalá y soy practitioner en PNL con el Instituto de Potencial Humano. No son los títulos lo que me aportan la experiencia que quiero compartir contigo en CAlma, sino las vivencias que me ofreció la vida y que me han llevado a ser lo que soy hoy en día: coach personal y formadora en productividad personal consciente. Todas estas experiencias las resumo en mi teoría de Los Seis grados de unión

Testimonios

La paz viene de dentro, no la busques fuera

Buddha

Blog

No soy vaga: soy flexible y me respeto

Estas dos últimas semanas he experimentado varios “imprevistos” que me han permitido afianzar la importancia de la flexibilidad para ser más conscientemente productiva. En este artículo me gustaría compartir estas experiencias contigo y contarte cómo las he afrontado, sin tacharme a mí misma de “vaga”.

En primer lugar, la flexibilidad es uno de los pilares de la Productividad Personal con CAlma en el sentido de ser respetuosa con una misma, con tu ritmo y tus momentos. No siempre estamos igual de energía, de ánimo, de fuerza de voluntad, y es importante tenerlo en cuenta. Como sabes, este año, mi propósito de año nuevo consiste en volver a correr una carrera de 10km (en este video, explico por qué es un propósito relacionado con la productividad y cómo es mi plan de acción). Hace dos semanas, cuando estaba en la fase del plan de acción que consistía en correr 2kms 3 días a la semana, noté que tenías las piernas muy cargadas, me dolían mucho las rodillas y en general estaba muy cansada y no me sentía con vitalidad (cuando el objetivo de salir a correr era justo lo contrario). Evidentemente, algo de cansancio y que mi cuerpo se resienta es normal (pues lo estaba llevando a un ritmo al que no estaba acostumbrado), pero yo me dí cuenta de que mi cuerpo me estaba hablando: no era normal que me dolieran tanto las rodillas. Así que, conscientemente, decidí que la semana siguiente iba a respetar más mi cuerpo y a escucharlo. Mi idea no era abandonar el propósito de año nuevo, sino “adaptarlo” siendo flexible y sin castigarme por no pudir cumplir el plan de acción que me había fijado. Se podría decir que esto era un pequeño imprevisto: no había sido capaz de prever que quizá mi cuerpo no podría seguir el ritmo que yo pretendía. Pero ante esta situación, tenía la disyuntiva de o bien castigarme a mí misma arrepintiéndome o abandonando el propósito, o bien, ser flexible y respetar mi cuerpo. Y opté por esta última, sin por ello criticarme o juzgarme. Ante esta situación, algunas personas pueden pensar que básicamente me estoy dejando llevar por la pereza, que soy una vaga y lo justifico disfrazándolo de “flexibilidad”. La diferencia radica en que yo soy consciente de por qué y para qué lo hago, y no ha implicado abandonar mi propósito de año nuevo, sólo remodelarlo porque no podía cumplirlo como yo había previsto. Todo plan de acción requiere revisión, para lo que resulta muy útil fijarse indicadores de éxito que te permitan saber qué grado de cumplimiento llevas.

En segundo lugar, la flexibilidad es esencial para ser más productiva por el carácter cambiante de la vida. Ante esta afirmación, también suelen alzarse voces que comentan que si siempre soy flexible ante lo que me acontece en la vida, me estaría dejando llevar, estaría reaccionando y no respondiendo. Esta afirmación es parcialmente cierta: efectivamente, si me dejo llevar siempre por los imprevistos, entonces contradigo otro de los pilares básicos de la Productivida Personal con CAlma: planificar y programar. La cuestión está en que esa planificación y programación incluya una cajita para los imprevistos, y además, que sepamos calibrar o priorizar el grado del imprevisto que surge. Por ejemplo, hace dos semanas (aparte de la decisión de rebajar mi ritmo de correr porque me dolían las rodillas), la vida me trajo un imprevisto con MAYÚSCULAS, una de estas cosas que bajo ningún concepto puedes prever cuándo va a llegar a tu vida (pero sí que va a llegar). Un poco como las nevadas de la semana pasada: no se puede prever cuándo va a llegar, pero si tienes una cajita de imprevistos, su llegada no trastoca tanto tu planificación y programación. Pues bien, ante este imprevisto con mayúsculas (muy positivo, por cierto), opté por ser flexible una vez más: aparté ciertos asuntos que no eran tan urgentes (sin descuidarlos en exceso para que no se convirtieran en una urgencia o un imprevisto dentro de unas semanas) y remodelé mi planificación de trabajo y de cumplimiento del propósito de año nuevo. Una vez más, la clave es ser consciente y no hacerlo estando en piloto automático, reaccionando, sino respondiendo con una elección consciente (lo que implica también responsabilizarse de las consecuencias de esa elección) ante la nueva circunstancia que se te plantea en la vida. A veces no está tan clara la línea para distinguir si es un imprevisto con mayúscula (que requiere que en ese momento le dediques toda tu atención) o es un imprevisto que podía haber sido previsto o un imprevisto que puede esperar. La clave es tomar conciencia de por qué ha llegado ese imprevisto a tu vida, si era tan imprevisto o se podría haber impedido, y una vez que lo hayas categorizado, ubicarlo en tu escala de prioridades. De esta forma, estarás respondiendo con flexibilidad (y responsabilidad) ante la nueva circunstancia y se rebajará también tu posible sentimiento de culpa por no estar cumpliendo tu planificación y programación tal y como habías previsto.

Por tanto, hay una gran diferencia entre ser vaga y ser flexible y tomar decisiones conscientes que te permitan afrontar las situaciones con serenidad y sin sentimiento de culpa. Aún así, descubrir que se tiene tendencia a la vagancia no es delito, supone simplemente tomar conciencia de un aspecto de ti (no ERES vaga, sino que a veces tienes comportamientos perezosos). La semana pasada una clienta me comentaba que creía que era vaga y precisamente por eso se afanaba en trabajar tanto y tanto. Esta creencia podría explicarse en parte por su sombra (una parte de ella que no acepta y que ha ocultado), o en parte simplemente porque a veces somos excesivamente críticas con nosotras mismas y nos sale el juicio antes de intentar entendernos. No soy vaga, soy flexible y me respeto. Y tú, ¿cómo afrontas los imprevistos de la vida? ¿eres flexible o te criticas? Te invito a reflejarlo en los comentarios

Paso de ser superwoman, ¿y tú?

Aunque sorprenda a mucha gente, paso de ser superwoman y en este artículo me gustaría explicarte por qué.
En el artículo de la semana pasada ¿Por qué estoy hasta el moño de la multitarea?, ya vimos la diferencia entre trabajar en multitarea y ser una mujer multifacética, pues un lector me había preguntado por qué estoy en contra de estos patrones de comportamiento. Su respuesta proseguía con la argumentación de que la mujer presenta [cito textualmente] “los defectos típicos de las personas inteligentes, la autoexigencia y el perfeccionismo, pero siendo estos impuestos por ellas mismas”.
Es precisamente en este punto en el que discrepo y por el que reafirmo mi rechazo a ser una superwoman. Antes de explicar por qué, creo conveniente concretar más aún lo que yo considero una superwoman. Estas serían sus características:

Omnipresente: está presente no sólo en todas las facetas de su vida, sino también en todos los radios de acción de su entorno (familiares, amigos, pareja, etc)

Omnisciente, o eso parece, porque tiene super memoria y la capacidad de leer mentes ;)

Omnipotente, en el sentido de que tiene una gran fuerza y energía y ¡puede con todo y más!

Es super rápida en todo lo que hace, incluidas las interacciones sociales

Por supuesto trabaja en modo “multitarea”

En definitiva, es esa mujer que desempeña diversas facetas de su vida con altos niveles de excelencia y de aparente perfección.
La cuestión está en si este rol es elegido o impuesto. E incluso en el caso de que se argumente que es elegido, yo propongo ir más allá y preguntarse si es una elección consciente o inconsciente. A menudo me encuentro con mujeres que defienden que son ellas las que buscan estar al máximo nivel a nivel profesional, quieren ir al gimnasio para estar físicamente estupendas, desean ser la mejor madre y estar presentes en todas las actividades de sus hij@s, ser atentas con su familia nuclear o extensa, y también con su pareja y, por supuesto, con sus amigas. Según estas mujeres, nadie les está pidiendo (explícitamente) hacer todo eso. Y mi siguiente pregunta es ¿entonces, para qué lo haces? La respuesta inicial no suele ser muy clara, pero, si seguimos indagando, suele estar vinculada a una necesidad de aprobación y afecto. Además, quizá efectivamente nadie les solicita explícitamente que sean así, pero sí hay unos condicionamientos sociales que les llevan a sentir que ese es el nivel al que tienen que estar en todos esos ámbitos, para ser socialmente aceptadas.
En el artículo anterior, te hablé del episodio de mi jefa tóxica y de parte de mi responsabilidad en ello pues, aunque insconscientemente, estaba eligiendo someterme a ese estrés. Me explico. Un hecho objetivo es que mi jefa me solicitaba un determinado volúmen de trabajo. No obstante, yo podría haber reducido ese nivel de trabajo siendo asertiva, presentando datos para argumentar que no se podía hacer en ese plazo que me marcaba, etc. Pero no lo hacía porque lo que realmente yo buscaba era su aprobación. La interpretación que hago a toro pasado es que mi jefa fue un “actor” que el Universo puso en mi camino para que yo adquiriera un aprendizaje: la necesidad de aceptación y aprobación por parte de los demás basada en mis capacidades (sean multitarea u otras).
Quizá estés pensando que esta reflexión se puede hacer en el ámbito personal o privado, pero que en el ámbito laboral es normal que te midan por tus capacidades, por lo que puedes o no hacer. Ciertamente es así, pero la cuestión es si soy yo la que supedito mi amor propio y mi necesidades de pertenencia a la aceptación de mis capacidades en ese ámbito. O si baso mi autoestima y autoconcepto en lo que hago y a qué nivel de perfección, o más bien en lo que soy, sin más. Aquí es donde mi reticencia a ser superwoman (entendida como mujer que hace muchas cosas sin descanso y sin ser consciente de para qué) cobra sentido, máxime cuando esa necesidad de aprobación se traslada a todos los ámbitos en los que la superwoman actúa: familia, pareja, amigos, etc.
Aparte de esta idea subyacente al concepto de superwoman, también está el tema de la imposición social con argumentos como el que he rescatado del lector: “ser autoexigente y prefeccionista es típico de las mujeres”. Se achacan determinadas características a las mujeres para justificar que somos nosotras las que decidimos actuar así, y de esta forma, se evita la responsabilidad conjunta de hombres y mujeres en construir un tejido social más equitativo.
Invito a una reflexión. Históricamente la mujer ha pasado de desarrollarse en una sola esfera (doméstica) –en la que solía ser la triunfadora pues era su dominio, su reino– a estar presente en varias esferas (social, profesional, etc). Y sin embargo, no se le ha hecho más liviana la carga de tener que ser perfecta en todos estos ámbitos. Es decir, se ve obligada a repartir el mismo potencial (léase energía, tiempo, atención) en todas esas áreas, y con un escrutinio social mayor que el que soporta el hombre. Afortunadamente, esto está cambiando, pero es un proceso lento que requiere del mimo y cuidado de todos los agentes sociales. Y yo me considero una agente del cambio social que quiere mimar y cuidar de las mujeres en ese proceso. ¿y tú? ¿qué papel sientes que desempeñas en este cambio? ¿Eres superwoman por elección o por imposición (inconsciente)? Te invito a compartir tus reflexiones en los comentarios.

Charla gratuita “Si pasas de ser superwoman, la Productividad Personal con CAlma es lo tuyo”

¿Te pasas el día haciendo mil cosas y acabas agotada e insatisfecha? ¿Sientes que tienes que ser perfecta en todo lo que haces? ¿Te gustaría sacar más tiempo en tu día a día para ti sin sentirte culpable? 
Tienes una oportunidad de descubrir cómo dar respuesta a estas preguntas el próximo martes 30 de enero de 2018 a las 19.00h, en la charla gratuita sobre Productividad Personal con CAlma que ofrezco en el Centro Galatea (C/Alcalá, 118. 1ºC,  Madrid)

En esta charla entenderás por qué sientes la necesidad de ser una superwoman en todos los ámbitos de tu vida y si ha sido una decisión consciente.  Descubrirás cómo podrías ser más productiva sin agotarte en el proceso, qué te ha estado limitando al gestionar tu tiempo de una forma más eficiente y menos estresante.  Y entenderás la diferencia entre la mera gestión del tiempo y cómo ser conscientemente productiva con el fin de tener tiempo para ti, para aquello que es importante para ti, mediante algunas herramientas que forman parte del programa de Productividad Personal con CAlma desarrollado con la metodología C.A.L.M.A.E.X.

¡Te espero! No olvides confirmar tu asistencia escribiendo a calma@coachingconalma.es

¿Por qué estoy hasta el moño de la multitarea?

¡Sí,sí, hasta el moño! No sólo de practicarla si no de los movimientos que la defienden. Simple y llanamente, le he declarado la guerra a la multitarea y en este artículo me gustaría explicarte por qué.
Hace unos días, a raíz de una entrevista que me hicieron en Europapress (si no la leíste, puedes leerla aquí), en la que hablaba de acabar con la multitarea y con el papel de superwoman socialmente impuesto, un lector me escribió para entender por qué defiendo estas ideas. Su argumentación era la siguiente: puesto que las mujeres son muy inteligentes y pueden hacer muchas cosas a la vez, ¿no deberían ellas precisamente aprovechar esta ventaja innata femenina? Detrás de esta alabanza y sugerencia, se esconden muchas suposiciones que pueden tener implícito un imperativo social no deseado y que me gustaría desarrollar en este artículo.
Antes de nada, me parece importante hacer una distinción: no es lo mismo la multitarea que ser multifacética. Por un lado, la multitarea implica estar haciendo varias cosas a la vez (o al menos eso creemos, porque realmente nuestro cerebro no procesa dos acciones a la vez), como por ejemplo, hablar por teléfono y seguir escribiendo en el ordenador. Por otro lado, ser una mujer multifacética puede tener muchas interpretaciones, como desarrollar trabajos muy distintos (por ejemplo, yo, aparte de formadora y coach, también soy traductora) o tener muchas actividades de ocio también muy diversas (cantar en un coro, jugar al baloncesto e ir al teatro). Básicamente, implica que desarrollas diferentes facetas de ti en tu día a día. Y esto se puede hacer desde una elección consciente y teniendo claro el para qué, o desde una imposición social y apropiamiento inconsciente de este rol, que suele ser el caso de la Superwoman (mamá, profesional en su campo de trabajo, la mejor hija, una amiga excelente, la mejor hermana, la más motivada en el gimnasio, la alumna aventajada en clases de macramé, etc..), que además pretende siempre llegar a un nivel de excelencia inalcanzable en todas estas facetas. Pero este tema me gustaría tratarlo con mayor profundidad en otro post.
Aclarada esta diferencia, reitero mi actual enemistad con la multitarea. Aunque no siempre ha sido así. En mi época de trabajadora por cuenta ajena, cuando solía trabajar en oficina –ya fuera para una ONG, una agencia de traducción o como recepcionista– me jactaba de ser la reina de la multitarea, pues llegaba a límites propios de una extraterrestre, haciendo muchísimas cosas a la vez (¡¡y todavía no había whatsapp ni las redes sociales tenían tanta incidencia en nuestras vidas!!). Consideraba que la multitarea era lo que me permitía ser mucho más productiva y por eso \"era una máquina trabajando\", o eso creía yo. Pero no sólo yo, puesto que si yo obtenía tanta satisfacción practicando la multitarea era porque laboralmente estaba bien visto; era un signo de productividad y eficiencia. Lo que no tuve en cuenta entonces era el coste emocional (y después físico) que estaba pagando. Llegó un punto en el que este coste emocional empezó a hacer estragos en mi (supuesto) sistema de productividad: trabajaba con muchísimo estrés y ansiedad, me faltaba claridad mental y por lo tanto cada vez trabajaba más lento, por lo que intentaba recuperar horas fuera de la oficina que a su vez me impedían descansar y desconectar. Básicamente entré en una espiral de estrés, ansiedad, agotamiento físico y mental... Si has leído la sección La teoría de los seis grados de unión en mi web, sabrás que hubo un momento en mi vida en el coincidí con una jefa que tenía un estilo de dirección tóxico. Éste es ese momento. Con esto no quiero eludir mi responsabilidad (porque siempre estamos decidiendo y eligiendo, aunque sea inconscientemente), pero tampoco responsabilizarme exclusivamente de este episodio. En ese momento yo elegí someterme a ese nivel de estrés y ansiedad, de exigencia y de necesidad de aprobación, lo que ocurre es que no fue una elección consciente. Y aquí es donde mi reticencia a ser superwoman cobra máximo sentido, pero esto, como ya he comentado, lo abordaré más adelante.
Aparte de esta experiencia personal, me gustaría resumir los motivos por los que considero que la multitarea no es productiva.
En primer lugar, el cerebro no puede prestar atención eficazmente a varias tareas al mismo tiempo. Trabaja de forma secuencial, enfocando la atención primero en una tarea y luego desconectándola de ahí para pasar a la siguiente. Esta capacidad de conmutar la atención se conoce como “capacidad de alternancia” y por tanto no es un proceso simultáneo. Lo que ocurre es que algunos encadenamientos de tareas o actividades están tan automatizados y el lapso de tiempo entre una y otra tarea es tan corto que resulta imperceptible para el ser humano y tendemos a pensar que es simultáneo.
En segundo lugar, y como continuación del punto anterior, si lo que ocurre con mi cerebro cuando “intento” la multitarea es que le estoy pidiendo que lleve la atención constantemente de una actividad a otra (escribir en el ordenador, escuchar la conversación del teléfono, escribir, escuchar, escribir, escuchar...), es indudable que implica un gran desgaste de energía.
En tercer lugar, al no ser procesos simultáneos, realmente sí hay un lapso de tiempo entre una tarea y otra. En algunos casos ese lapso de tiempo es imperceptible, pero en otros podrás comprobarlo e incluso contabilizarlo. Por ejemplo, si en una mañana de 4 horas de trabajo, estás inmersa en varios proyectos, el tiempo que pierdes en pasar de uno a otro es exponencialmente proporcional al número de proyectos en los que estás implicada. Es decir, si tienes 4 horas y las dedicas a 4 proyectos, no dispones de 1 hora efectiva por proyecto, pues pierdes tiempo de dos formas. Primero, como ya he comentado, hay un lapso de tiempo al cambiar de un proyecto a otro. Segundo, cuando empiezas a trabajar en uno de esos proyectos, tu nivel de concentración no está al 100% desde el principio hasta el final, sino que va aumentando de forma progresiva (¡¡¡siempre y cuando no consultes whatsapp o las redes sociales cada 5 minutos!!!). Por lo tanto, quizá de 1 hora, eres productiva 35 minutos. Y si esto lo vas multiplicando por los 4 proyectos, la pérdida de concentración y, consecuentemente, de tiempo va siendo mayor. Sin hablar de la pérdida de energía y lo agotador que es para el cerebro (y por lo tanto para tu cuerpo) estar desviando la atención.
En cuarto lugar, estás entrenando a tu cerebro para que se disperse continuamente. ¿Recuerdas el mono saltarín del que te hablé en el artículo sobre los 6 trucos para simplificar tu entorno de trabajo? Pues bien, con la multitarea estás alimentando al mono ¡hasta convertirse en orangután! Luego no te extrañe si te cuesta concentrarte en una actividad cuando lo necesitas. Llevas años enseñando a tu cerebro a saltar de un lado a otro, creando conexiones neuronales en una dirección, y de repente le pides al cerebro que funcione por otra ruta o conexión neuronal, que pase tiempo parado en una sola actividad  ¡Evidentemente se aburre! y lo que hace es buscar constantemente otro foco de atención.
Uno de los aspectos que yo subrayé en la entrevista -y que fue parte de mi respuesta al lector que me escribió-, es que el hecho de que podamos (supuestamente) hacer varias cosas a la vez no significa que tengamos que hacerlo. Pues ¿cuál es el coste emocional de estar inmersas en varias cosas a la vez? ¿qué nivel de estrés y ansiedad nos genera? y sobre todo ¿podemos disfrutar de lo que hacemos si compartimos nuestra atención y energía entre dos o más cosas? La cuestión no está en si podemos hacerlo, sino en si queremos y estamos dispuestas a desgastarnos en el proceso,  para conseguir el supuesto fin de ahorrar tiempo (que no es tal). Y más importante aún ¿de dónde nace esa necesidad? ¿lo queremos nosotras o es una imposición social? \"Puesto que podéis hacer varias cosas a la vez, hacedlas..\" o \"ya que tenéis esa inteligencia innata, utilizadla\". Simplemente invito a la reflexión de para qué nos obligamos a ser multitarea cuando el coste que pagamos es muy alto y los beneficios no son tales. 
He resumido los motivos por los que la multitarea no funciona como técnica de productividad, pero, como siempre digo, lo mejor es la práctica y no tanta teoría. Cuando una es adicta a la multitarea, le cuesta muchísimo, primero, creer en los beneficios de estar enfocada en una sola cosa -pues lo considera una pérdida de tiempo- y segundo, y más importante, ponerlo en práctica. Te reto a trabajar enfocada en una sola tarea durante al menos 20 minutos. ¿Qué me dices? ¿aceptas el reto? Comparte tu experiencia en los comentarios 

10 consejos para hacer realidad tu propósito de Año Nuevo

¿Cómo vas con el logro de tus propósitos? ¿Has decidido enfocarte en uno solo? Seguro que lo estás haciendo, si has leído mis dos artículos anteriores en los que te hablaba de los 10 motivos por los que se te resisten tus propósitos de año nuevo (si no lo has hecho, puedes leer aquí la primera parte y aquí la segunda). Hoy me gustaría animarte a seguir trabajando en tu propósito u objetivo con este decálogo de pautas en el que resumo los pasos a seguir para diseñar un objetivo que se haga realidad, dejando atrás los frenos que ya has podido identificar. ¡Toma nota y sigue paso por paso! 

Soñar y visualizar es maravilloso. Pero si no conviertes tu sueño en un objetivo, se quedará en un sueño. Te animo a convertir tu gran sueño en un objetivo específico, lo más concreto posible. ¿Cómo? Haciéndote las siguientes preguntas
¿Es un objetivo realista? ¿Te estás planteando hacer algo viable, que requiere o implica unas condiciones que se pueden cumplir? Por ejemplo, ser presidente de Estados Unidos no es un objetivo realista si no eres estadounidense. Y además, es necesario plantearse también si....
¿Es alcanzable? Con esta pregunta, vas concretando más tu objetivo. Dada tu situación actual, con los recursos (materiales y emocionales) con los que cuentas, ¿es factible para ti alcanzar este objetivo en el plazo en el que te marques?
Márcate un plazo en el tiempo, ponle fecha final y fechas intermedias para ir verificando tu progreso.
Diseña un plan de acción que incluya miniobjetivos, pequeños peldaños en los que revisar cuánto has avanazado, premiarte y retomar impulso.
Prémiate: date pequeñas recompensas cada vez que consigas uno de estos mini objetivos.
¿Es ecológico tu objetivo? Consulta y acuerda con tu entorno cómo integrar el plan de acción y el resultado del mismo en vuestras vidas. ¡Y no olvides compartir con ellos tus progresos!
¿Es un objetivo alineado con tu visión y misión? ¿Cumpliendo este objetivo estarás honrando los valores que son importantes para ti? Aquí estará una de las claves de tu motivación
Aquí y ahora. Visualizarte en el futuro con tu objetivo conseguido es sensacional, pero no olvides disfrutar del camino, de cada mini objetivo y mini logro. Vive tu objetivo también en el presente.
Ponte en acción, con una acción mínima viable. Piensa en una pequeña acción que podrías hacer ahora mismo y que ya te permitiría estar más cerca de tu objetivo. Si tras leer este artículo, no tuvieras otra cosa que hacer, si pudieras dedicarte 5-10 mins para hacer realidad tu objetivo, ¿qué harías? ¡Compártelo en los comentarios para adquirir un mayor compromiso!

10 motivos por los que se te resisten tus propósitos de año nuevo (parte 2)

¡Feliz Año Nuevo! Deseo que se cumpla ese propósito de año nuevo (o de hace tiempo) que tanto deseas. Con el artículo de esta semana (la segunda parte del artículo de la semana pasada, que si no has leído todavía deberías hacerlo pinchando aquí) me gustaría contribuir a ayudarte a cumplir ese sueño que tienes. Te presento otros cinco motivos que te impiden conseguir tus propósitos de año nuevo

6. Eres muy dura contigo misma. Cuando nos fijamos objetivos, especialmente cuando son objetivos frustrados en veces anteriores, tendemos a ser duros con nosotras mismas. Tenemos interiorizada la creencia de que “la letra con sangre entra” y nos imponemos condiciones para cumplirlos más duras aún si cabe que la vez anterior pensando “esta vez, sí que sí”. Y volvemos a cometer el mismo error....sin darnos cuenta de que la clave no es ser duras con nosotras mismas, sino lo contrario: cuidarnos por el camino, si este se presenta arduo. Debemos celebrar cada pequeño paso, recompensarnos por el esfuerzo que nos ha supuesto lograrlo, ir celebrando cada momento, para poder disfrutar del camino. De otro modo, lo que ocurre es que nos desanimamos porque no vemos el fruto de nuestros esfuerzos a corto plazo y nos rendimos antes de tiempo. Te animo a que te premies después de cada pequeño logro. Eso es lo que te permitirá mantener la motivación, ser constante y llegar al objetivo final. Pensar en la recompensa final puede ser una fuente de motivación pero disfrutar del camino alimenta la constancia y el amor propio.

7. Falta de constancia o perseverancia, porque crees que con motivación todo se consigue. En la linea del punto anterior: no basta sólo con tener motivación. El otro día una clienta me comentaba que sabía que si tuviera motivación, conseguiría lo que quiere. La motivación es un factor importante, pero es uno de los factores, no el único. Además, se suele pensar que la motivación debe ser previa a la acción, y en ocasiones también surge precisamente por actuar, en el movimiento, estando inmersa en la tarea. Aparte de la motivación, la fuerza de voluntad y la constancia o perseverancia son esenciales. La fuerza de voluntad es un músculo que se entrena, y se va reforzando gracias a ser perseverante.Si quieres incorporar un nuevo hábito y no lo repites de forma constante, al cerebro le cuesta integrarlo y vuelve rápidamente a lo que ya conoce, la rutina anterior.

8. Tu objetivo no es ecológico. Otra de las cuestiones que es importante tener en cuenta a la hora de cumplir nuestros objetivos es tener en cuenta nuestro entorno a la hora de planificarlos. Retomo el ejemplo de correr una carrera de 10km. Es un objetivo alcanzable (ya he corrido antes carreras de 10km), pero también es un objetivo retador al mismo tiempo (no lo hice fácilmente y llevo sin hacerlo un tiempo, por eso me motiva sin frustrarme), he fijado un plazo temporal realista (no lo voy a hacer ya en febrero, sino en junio), lo he dividido en mini objetivos (salir a correr 2 días por semana), puedo medir mi progreso (las primeras 2 semanas correré 2kms, las siguientes 2 semanas 3kms, las siguientes 2 semanas 4kms...). ¡Perfecto! Es un objetivo muy bien planteado y podré experimentar que avanzo poco a poco. Pero ¿he tenido en cuenta mi entorno (familia, pareja, actividades de ocio, etc..)? Si yo me propongo salir a correr 2-3 veces por semana 1 hora cada día, por ejemplo, pero no lo he planificado con mi familia (ajustando horarios, buscando recursos alternativos como una canguro para mis hij@s en esos ratos, o ayuda de amigos o familiares, etc...), a la hora de ponerlo en práctica me encontraré con un obstáculo que al final se convertirá en excusa. Además, también es importante considerar que el tiempo que voy a pasar cumpliendo mi objetivo es tiempo que dejo de dedicar a otras cuestiones: pasar tiempo con mis hijos, mi familia, cocinar, disfrutar de otros hobbies, etc. Por tanto, tu objetivo debe ser ecológico, teniendo en cuenta y respetando tu entorno.

9. Echas balones fuera. El hecho de analizar si tus objetivos son ecológicos puede convertirse en un comodín que te sirva para justificarte si no consigues el objetivo. Por ejemplo, si al final no me animo a correr todas las semanas 3 días porque mi pareja requiere mi presencia o ha surgido un problema con mis hijos, lo más fácil es argumentar que “mi entorno” me lo ha impedido, eludiendo mi responsabilidad. Cuando fracasamos en el logro de nuestros objetivos, tendemos a poner el foco en el exterior. Queremos que mejoren cosas de nuestra vida pero nuestro plan de acción a veces adolece de acciones que son responsabilidad nuestra, porque no hemos hecho un análisis previo de si aquello que quiero mejorar o cambiar es de control interno o externo (depende exclusivamente de mí o también implica el compromiso de otras personas) Y claro, cuando surge un obstáculo … “mira lo que me dice mi jefe”, “con esta gente no se puede trabajar”, “es que mi marido es así o asá”, etc ¿Te suena? Sin minimizar la influencia que los factores externos puedan tener en ti, lo importante es cómo respondes ante los desafíos o contratiempos. La clave está dentro de ti. En ocasiones pensamos que hay ciertos acontecimientos inevitables (si mi jefe me pide que me quede 1 hora más, “tengo que” hacerlo; si mi pareja me pide que le acompañe a una gestión, “tengo que” hacerlo...), pero todos contamos con habilidades que podemos desarrollar para mantener nuestro rumbo: un muchito de determinación y un poquito de asertividad son la receta perfecta para responsabilizarnos de nuestro sueño.

10. No está alineado con tu identidad o valores. ¿Tu objetivo ha nacido de ti, de esa parte de ti a la que dejas soñar, reir y llorar? ¿Has escuchado tu Alma al formularlo? Quizá estés pensando que estas preguntas son absurdas... ¡¿cómo no voy a querer eso que me he propuesto?! O quizá el ruido exterior no te ha permitido escucharla...En ocasiones nos fijamos objetivos por motivos ajenos a nosotros: “porque todo el mundo me recomienda que haga deporte”, “porque mi amiga Pepi se ha puesto a dieta y está estupenda”, “porque en el trabajo me han dicho que necesito mejorar mi inglés...” Es cierto (y lícito) que algunos de nuestros objetivos sirven para un fin que no está exclusivamente dirigido a satisfacer nuestros deseos, sino a contribuir a la empresa, o al bienestar familiar, etc. En estos casos, es importante ser conscientes del para qué de esos objetivos porque en el fondo sí esconden un deseo o beneficio para uno mismo: sentirse más realizado en la empresa, sentirse valorado en la familia, etc. Sin embargo, en otros casos lo que realmente sucede es que nos fijamos objetivos que otros nos han recomendado, incluso sin ser para el beneficio del otro. Entonces, nuestros objetivos no están alineados con nuestros valores, ni contribuyen a nuestra misión ni a la visión de la vida que queremos vivir. Por ello en parte fracasamos en el intento de conseguirlos o sufrimos en el camino. Como hemos dicho, a veces perseguimos objetivos para un bien común, pero de fondo esconden el bienestar propio. Y en cualquier caso, lo importante es ser conscientes del coste emocional que puede suponer perseguir algo que no deseas realmente.

Te animo a que revises tus propósitos de año nuevo e indagues si llevas puesto un disfraz, para camuflarte en el montón, porque al final ese disfraz pesará más de la cuenta. Pregúntate:

“¿Qué es lo que realmente quiero conseguir con esto?, ¿Con cuál de mis valores está alineado este objetivo?, ¿Me acerca a la vida que quiero vivir?”

Comparte tu propósito de año nuevo en los comentarios, pues hablar de ello y compartirlo aumenta el grado de compromiso ¡Te deseo Feliz Año Nuevo y que se cumpla tu sueño!

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