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10 motivos por los que se te resisten tus propósitos de año nuevo (parte 2)

¡Feliz Año Nuevo! Deseo que se cumpla ese propósito de año nuevo (o de hace tiempo) que tanto deseas. Con el artículo de esta semana (la segunda parte del artículo de la semana pasada, que si no has leído todavía deberías hacerlo pinchando aquí) me gustaría contribuir a ayudarte a cumplir ese sueño que tienes. Te presento otros cinco motivos que te impiden conseguir tus propósitos de año nuevo

6. Eres muy dura contigo misma. Cuando nos fijamos objetivos, especialmente cuando son objetivos frustrados en veces anteriores, tendemos a ser duros con nosotras mismas. Tenemos interiorizada la creencia de que “la letra con sangre entra” y nos imponemos condiciones para cumplirlos más duras aún si cabe que la vez anterior pensando “esta vez, sí que sí”. Y volvemos a cometer el mismo error….sin darnos cuenta de que la clave no es ser duras con nosotras mismas, sino lo contrario: cuidarnos por el camino, si este se presenta arduo. Debemos celebrar cada pequeño paso, recompensarnos por el esfuerzo que nos ha supuesto lograrlo, ir celebrando cada momento, para poder disfrutar del camino. De otro modo, lo que ocurre es que nos desanimamos porque no vemos el fruto de nuestros esfuerzos a corto plazo y nos rendimos antes de tiempo. Te animo a que te premies después de cada pequeño logro. Eso es lo que te permitirá mantener la motivación, ser constante y llegar al objetivo final. Pensar en la recompensa final puede ser una fuente de motivación pero disfrutar del camino alimenta la constancia y el amor propio.

7. Falta de constancia o perseverancia, porque crees que con motivación todo se consigue. En la linea del punto anterior: no basta sólo con tener motivación. El otro día una clienta me comentaba que sabía que si tuviera motivación, conseguiría lo que quiere. La motivación es un factor importante, pero es uno de los factores, no el único. Además, se suele pensar que la motivación debe ser previa a la acción, y en ocasiones también surge precisamente por actuar, en el movimiento, estando inmersa en la tarea. Aparte de la motivación, la fuerza de voluntad y la constancia o perseverancia son esenciales. La fuerza de voluntad es un músculo que se entrena, y se va reforzando gracias a ser perseverante.Si quieres incorporar un nuevo hábito y no lo repites de forma constante, al cerebro le cuesta integrarlo y vuelve rápidamente a lo que ya conoce, la rutina anterior.

8. Tu objetivo no es ecológico. Otra de las cuestiones que es importante tener en cuenta a la hora de cumplir nuestros objetivos es tener en cuenta nuestro entorno a la hora de planificarlos. Retomo el ejemplo de correr una carrera de 10km. Es un objetivo alcanzable (ya he corrido antes carreras de 10km), pero también es un objetivo retador al mismo tiempo (no lo hice fácilmente y llevo sin hacerlo un tiempo, por eso me motiva sin frustrarme), he fijado un plazo temporal realista (no lo voy a hacer ya en febrero, sino en junio), lo he dividido en mini objetivos (salir a correr 2 días por semana), puedo medir mi progreso (las primeras 2 semanas correré 2kms, las siguientes 2 semanas 3kms, las siguientes 2 semanas 4kms…). ¡Perfecto! Es un objetivo muy bien planteado y podré experimentar que avanzo poco a poco. Pero ¿he tenido en cuenta mi entorno (familia, pareja, actividades de ocio, etc..)? Si yo me propongo salir a correr 2-3 veces por semana 1 hora cada día, por ejemplo, pero no lo he planificado con mi familia (ajustando horarios, buscando recursos alternativos como una canguro para mis hij@s en esos ratos, o ayuda de amigos o familiares, etc…), a la hora de ponerlo en práctica me encontraré con un obstáculo que al final se convertirá en excusa. Además, también es importante considerar que el tiempo que voy a pasar cumpliendo mi objetivo es tiempo que dejo de dedicar a otras cuestiones: pasar tiempo con mis hijos, mi familia, cocinar, disfrutar de otros hobbies, etc. Por tanto, tu objetivo debe ser ecológico, teniendo en cuenta y respetando tu entorno.

9. Echas balones fuera. El hecho de analizar si tus objetivos son ecológicos puede convertirse en un comodín que te sirva para justificarte si no consigues el objetivo. Por ejemplo, si al final no me animo a correr todas las semanas 3 días porque mi pareja requiere mi presencia o ha surgido un problema con mis hijos, lo más fácil es argumentar que “mi entorno” me lo ha impedido, eludiendo mi responsabilidad. Cuando fracasamos en el logro de nuestros objetivos, tendemos a poner el foco en el exterior. Queremos que mejoren cosas de nuestra vida pero nuestro plan de acción a veces adolece de acciones que son responsabilidad nuestra, porque no hemos hecho un análisis previo de si aquello que quiero mejorar o cambiar es de control interno o externo (depende exclusivamente de mí o también implica el compromiso de otras personas) Y claro, cuando surge un obstáculo … “mira lo que me dice mi jefe”, “con esta gente no se puede trabajar”, “es que mi marido es así o asá”, etc ¿Te suena? Sin minimizar la influencia que los factores externos puedan tener en ti, lo importante es cómo respondes ante los desafíos o contratiempos. La clave está dentro de ti. En ocasiones pensamos que hay ciertos acontecimientos inevitables (si mi jefe me pide que me quede 1 hora más, “tengo que” hacerlo; si mi pareja me pide que le acompañe a una gestión, “tengo que” hacerlo…), pero todos contamos con habilidades que podemos desarrollar para mantener nuestro rumbo: un muchito de determinación y un poquito de asertividad son la receta perfecta para responsabilizarnos de nuestro sueño.

10. No está alineado con tu identidad o valores. ¿Tu objetivo ha nacido de ti, de esa parte de ti a la que dejas soñar, reir y llorar? ¿Has escuchado tu Alma al formularlo? Quizá estés pensando que estas preguntas son absurdas… ¡¿cómo no voy a querer eso que me he propuesto?! O quizá el ruido exterior no te ha permitido escucharla…En ocasiones nos fijamos objetivos por motivos ajenos a nosotros: “porque todo el mundo me recomienda que haga deporte”, “porque mi amiga Pepi se ha puesto a dieta y está estupenda”, “porque en el trabajo me han dicho que necesito mejorar mi inglés…” Es cierto (y lícito) que algunos de nuestros objetivos sirven para un fin que no está exclusivamente dirigido a satisfacer nuestros deseos, sino a contribuir a la empresa, o al bienestar familiar, etc. En estos casos, es importante ser conscientes del para qué de esos objetivos porque en el fondo sí esconden un deseo o beneficio para uno mismo: sentirse más realizado en la empresa, sentirse valorado en la familia, etc. Sin embargo, en otros casos lo que realmente sucede es que nos fijamos objetivos que otros nos han recomendado, incluso sin ser para el beneficio del otro. Entonces, nuestros objetivos no están alineados con nuestros valores, ni contribuyen a nuestra misión ni a la visión de la vida que queremos vivir. Por ello en parte fracasamos en el intento de conseguirlos o sufrimos en el camino. Como hemos dicho, a veces perseguimos objetivos para un bien común, pero de fondo esconden el bienestar propio. Y en cualquier caso, lo importante es ser conscientes del coste emocional que puede suponer perseguir algo que no deseas realmente.

Te animo a que revises tus propósitos de año nuevo e indagues si llevas puesto un disfraz, para camuflarte en el montón, porque al final ese disfraz pesará más de la cuenta. Pregúntate:


“¿Qué es lo que realmente quiero conseguir con esto?, ¿Con cuál de mis valores está alineado este objetivo?, ¿Me acerca a la vida que quiero vivir?”


Comparte tu propósito de año nuevo en los comentarios, pues hablar de ello y compartirlo aumenta el grado de compromiso ¡Te deseo Feliz Año Nuevo y que se cumpla tu sueño!


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