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3 prácticas de mindfulness que te sorprenderán

Muchas personas me preguntan cómo se puede llevar una vida mindful o consciente en medio de la vorágine en la que estamos inmersos hoy en día . En el artículo de hoy comparto contigo 3 prácticas de mindfulness o atención plena que nunca imaginarías que son tales, pero que a mí me ayudan a llevar una vida más consciente ( y están muy alejadas de sentarse a meditar, te lo aseguro).

En primer lugar, considero pertinente recordar la diferencia entre meditación y mindfulness, que en ocasiones se suelen confundir. Mindfulness es una práctica oriental, especialmente –que no exclusivamente– de la tradición budista, importada a occidente por Jon-Kabat Zin en los años 70. El concepto de mindfulness que se ha extendido en la actualidad está basado en la meditación vipassana, una antigua técnica de meditación de la India que consiste en tomar conciencia del momento presente. Es decir, se trata de enfocar la atención en los pensamientos, emociones, sensaciones corporales del momento presente, sin juzgarlos, desde la plena aceptación. Por utilizar un paralelismo, sería como observar con un microscopio sin interpretar qué hacen los organismos que observas. Esta observación o atención plena, por tanto, se puede poner en práctica en cualquier momento ante cualquier situación y no requiere de una preparación previa o de complejos protocolos.

La meditación es una práctica en la cual el individuo aprende a autoregular la mente para alcanzar estados mentales que proporcionen paz interior, bienestar y tranquilidad, mediante la gestión de los pensamientos y emociones. El fin último es alcanzar un estado de conciencia superior que no sea vea perturbado por las experiencias sensoriales o cognitivas. La excelencia en la meditación, como en cualquier disciplina, se adquiere pasando por distintos niveles. La práctica meditativa más común o más reconocible en el imaginario colectivo se realiza estando sentado en la posición de loto. No obstante, hay muchas formas de practicar meditación y también muchos tipos: meditación centrada en la respiración, de la compasión, del sonido primordial, vipassana, etc.


Cuando se practica mindfulness se está meditando pero no siempre que se medita se practica mindfulness.


Así pues, teniendo claro que practicar mindfulness no implica sentarse a meditar (aunque puede ser una de las opciones), es importante también entender que existen prácticas formales e informales. De hecho, un ejemplo de práctica formal de mindfulness es la meditación vipassana. Por otro lado, las prácticas informales de atención plena son innumerables, pues suponen cualquier actividad que hagamos prestándole total atención, siendo conscientes de los movimientos, sensaciones, pensamientos, emociones que estamos sintiendo o experimentando en ese momento.

Y precisamente, hoy quiero compartir contigo tres de esas prácticas informales que a mí me ayudan muchísimo a entrenar la atención plena y la concentración.

La primera es ir en moto; ¡sí,sí, como lo lees! Empezar a conducir la moto es una de las prácticas que más me están ayudando a entrenar la atención plena en el momento presente. Si conduces un coche, imagino que te identificarás con esos momentos en los que vas en piloto automático: te sabes la ruta de memoria, cada curva, cada semáforo, así que mientras conduces haces la lista de la compra, programas el fin de semana, vas recordando la discusión con tu jefe o estás soñando despierta. En parte somos capaces de hacer esto porque muchos de los movimientos necesarios para conducir son ya hábitos insconscientes y no requieren de nuestra atención. Pero en parte también lo hacemos porque el habitáculo del coche nos hace sentirnos más protegidos. En la moto eso desparece por completo y la sensación de vulnerabilidad (sobre todo si eres principiante como yo) es mucho mayor por lo que tu organismo se pone en alerta. Es esencial ser consciente en todo momento de lo que ocurre a tu alrededor (los coches que cambian de carril sin dar el intermitente, los peatones que cruzan fuera del paso de cebra, el estado del asfalto –si está mojado, si hay gravilla–), pues de todo ello depende tu seguridad. Así pues, desde que me preparo para subir a la moto (abrigarme, ponerme el casco, los guantes, etc) empiezo a practicar mindfulness: presto atención para ser consciente de que he hecho todo lo que debo hacer. Y cuando empiezo a rodar, mi atención está al 100% enfocada en los movimientos y en mi entorno. Pocas veces entro en piloto automático con la moto porque sé que de ello depende mi seguridad. Esto es ser mindful: ser consciente de tu momento presente.

La segunda práctica de atención plena al momento presente la he descubierto también recientemente: cuando canto en el coro, estoy totalmente presente (¡sí, finalmente me apunté a coro para superar una de las creencias limitantes de las que hablo en mi sección Sobre mí: que no podía cantar!. Ahora sé que si yo puedo cantar, todo el mundo puede cantar, jajaja). Lo que quiero compartir contigo no es sólo este logro, sino que es una actividad que absorbe toda mi atención. Me doy cuenta de que cuando estoy calentando la voz, preparando los músculos faciales, cantando, escuchando a la profesora…. estoy 100% presente, atendiendo a mi respiración, a cómo cambia mi voz en cada nota, etc. Es casi como un estado de flow, como lo describe Mihály Csíkszentmihályi en su libro homónimo.

Y la última práctica de mindfulness que he incorporado ya a mi vida es la preparación para salir de casa. Antes yo era el ejemplo más gráfico de la mujer “totally unmindful” (totalmente insconsciente) –si me sigues en las redes sociales, verás que he ido poniendo ejemplos de actos insconscientes que no nos ayudan bajo el hashtag #superwomantotallyunmindful–. Trabajo en casa pero tengo que salir para actividades muy diferentes (ir a una reunión, para la que cojo la tablet y mi agenda, ir a clase de lengua de signos para la que cojo el cuaderno, ir a coro para lo que cojo las partituras, baloncesto con la equipación, etc…). Por tanto, si en el momento de salir de casa no soy plenamente consciente de mis actos, lo que puede pasar es que me olvide de algo o peor aún, no recuerde si he cogido eso que necesitaba o cerrado la puerta de la cocina (teniendo perro, es más que recomendable para evitar sustos), y pierda mucho tiempo en volver a comprobarlo, etc. Así que mis salidas de casa son otro de los momentos en los que estoy con atención plena (ni pensando en lo que voy a hacer ni pensando en lo que ha pasado: presto atención a cada movimiento). Ya se ha convertido (afortunadamente) en una rutina.

Quizá estés pensando que estas prácticas tan contidianas no pueden ser prácticas de mindfulness. La palabra mindfulness está rodeada de cierto halo místico, espiritual, oscuro o cuanto menos incomprensible (aunque sólo sea por el hecho de que está en inglés). Sin embargo, el mindfulness es algo muy natural, al alcance de todos, de hecho, presente en todos nosotros desde que nacemos. Los niños son gran ejemplo de ello, al estar inmersos en sus juegos y experiencias sin pensar en el tiempo, sin construir una historia mental alrededor de una experiencia. Simplemente la viven. Con el tiempo vamos perdiendo esa capacidad de ser consciente de cada movimiento, pensamiento y emoción, y nos enganchamos a los pensamientos rumiativos. Pero se puede volver a experimentar ese estado de plena conciencia en el día a día, lo que no quiere decir que sea fácil o inmediata. Tan sólo requiere fuerza de voluntad, y perseverancia, porque es un entrenamiento constante de la “mente mono” acostumbrada a ir saltando de un tema a otro y a reaccionar ante cualquier estímulo, como te explicaba en el artículo ¿Por qué estoy hasta el moño de la multitarea?. ¿Cuál es esa actividad que haces más en piloto automático? Piénsalo por un momento: ¿eres consciente de las cosas que haces de forma insconsciente? Te animo a elegir una de ellas y durante una semana estar alerta para hacerla de forma consciente, prestando atención a cada movimiento, emoción o pensamiento que surge, sin juzgarte. 


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