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5 formas de hacer tu vida más sencilla (que no más simple)

En varios artículos anteriores he hablado de algunas de las causas del estrés, entre las que destaco el no vivir alineada con tus valores, como te explicaba en “La principal fuente de estrés que quizá desconoces”. Si has hecho el ejercicio de identificar tus valores principales y ponerlos en orden de prioridad, probablemente la sensación haya sido “No sé por dónde empezar”, “En mi vida todo es importante”. Realmente lo que subyace a esta sensación es la falta de claridad respecto a tus prioridades: todos metemos en un gran saco miles y miles de cosas que hacer, miles y miles de actividades que (creemos) son importantes, y normalmente, como están revueltas en este gran saco, las ponemos al mismo nivel.

En el post de hoy abordo esta cuestión aplicada a otras situaciones más concretas. La causa raíz de esa fuente de estrés es la falta de claridad debido a la acumulación de tareas, cosas, ideas, etc. Vamos a ver cómo aprender a simplificar tu vida haciéndola más sencilla, lo que no implica que tenga que ser una vida simple. Esto no es nada nuevo. Desde hace tiempo muchas personas promueven una vida más minimalista, más sencilla y pausada. Es un movimiento que surge principalmente en las sociedades occidentales “hiperdesarrolladas”, como yo suelo llamarlas, donde durante un tiempo se sufrió la escasez y como efecto rebote empezamos a consumir y consumir sin límite. Éste fue el caso de España pero si me lees desde otro país de habla hispana, probablemente hayáis pasado por lo mismo, aunque en épocas distintos. El resultado en cualquier caso es que hoy en día tenemos mucho de todo: mucha ropa, muchas herramientas digitales (teléfonos inteligentes, ordenadores, tabletas, ​etc), muchos documentos, muchos amigos, muchas actividades, mucho trabajo o varios trabajos, etc. Es decir, nuestro saco está a rebosar por lo que nos cuesta mucho más poner orden y nos sentimos sobrepasadas, desbordadas. Es esta sensación de “no puedo con todo” lo que provoca estrés.

La acumulación de objetos, herramientas, documentos, etc, en algunas ocasiones atiende al miedo a no tener y no podrer cubrir una de las necesidades del ser humano, la seguridad, o en el caso de acumular documentos, libros, cursos, etc, al miedo a no saber, relacionado con la necesidad de reconocimiento. En la época actual del consumismo, en la que comprar un producto es tan fácil como hacer click en una página web, los motivos para adquirir objetos, servicios, cursos, etc empiezan a vincularse a la sensación de satisfacción inmediata y logro que nos proporciona conseguir algo. Esta satisfacción se debe a la dopamina, un neurotransmisor que registra la sensación de recompensa y nos hace sentir placer. De hecho, el neuromarketing se basa en este principio: anticiparte la recompensa para incitarte a comprar de forma más compulsiva. Es decir, la mayoría de las compras las realizamos de forma inconsciente, y después intentamos justificarlas en el consciente. En el caso de los objetos, herramientas, cursos o documentos para tu trabajo, esta decisión puede parecer incluso más justificable, ya que en principio los adquieres (y acumulas) para una causa muy loable, como es el trabajo.

Por ello, me gustaría ayudarte, si quieres, a ir poniendo orden, para poder simplificar tu vida pero sin perder el confeti que tan importante es, como te comentaba en el artículo anterior.

  • Simplifica tus relaciones u “obligaciones sociales”. Este es un tema peliagudo que a algunas personas les cuesta reconocer. La mayoría de nosotros tenemos demasiados compromisos sociales. Y subrayo la palabra “compromisos”, porque en muchas ocasiones no son relaciones de calidad que sumen, sino que son personas con las que nos vemos obligados a quedar, a contestar al teléfono o a hacerles favores, simplemente por quedar bien. Puede que, al leer esto, estés pensando en algunas personas a las que sigues viendo por compromiso, que no te aportan (¡Ojo! Esto no quiere decir que sean malas personas, sino que simplemente ya no tenéis cosas que compartir y que os sumen a ambas partes), y te venga a la mente la idea de “¡cómo no le voy a coger el teléfono!” o “¡cómo no voy a quedar con la pobre Lucila!”. Este pensamiento es normal y lícito. Yo sólo te invito a que revises si esa creencia responde a un valor que es tuyo o heredado. Es el caso de pensar que un acto así atenta contra el valor de la educación o el respeto, por ejemplo, cuando puedes perfectamente declinar una propuesta con educación, respetando el tiempo e intenciones de la otra persona pero sobre todo respetandote a ti con asertividad, algo que trabajamos el programa Vivir con CAlma exterior.
  • Simplifica tu hogar: reserva un espacio de tiempo para hacer una limpieza profunda de tu casa, empezando por la caja (o cajas) de cosas “por si”. ¿No tienes una? ¿seguro? Probablemente sea incluso peor y todos los artículos “por si” están desperdigados por la casa, jaja. Sea como fuere, estoy segura de que hay muchos artículos, utensilios, papeles, revistas, etc que has ido almacenando en algún sitio pensando que algún día te podrían ser útiles. Para mí el truco es preguntarse: “¿he utilizado esto en los últimos 3 meses?” Si la respuesta es “no”, probablemente sea algo de lo que puedas prescindir (evidentemente aquí tu criterio es importante, pues puede haber razones por las que no lo puedas utilizar en los últimos meses, pero te animaría a preguntártelo varias veces para no autoengañarte ;)) Cuantas menos cosas tienes, menos tiempo tienes que invertir en ordenar, colocar, limpiar, etc.
  • Simplifica tu imagen: no se trata de que te vuelvas una sosa y vayas siempre vestida con una camiseta blanca y unos vaqueros. Es más bien al contrario. Si tienes claro qué ropa te gusta, te sienta bien, te hace sentir guapa, podrás definer mejor tu estilo y la imagen que proyectarás de ti es precisamente la de una mujer con criterio, que sabe lo que le gusta y la define.
  • Simplifica tu espacio de trabajo (a esto le dedicaré un post completo)
  • Simplifica tus actividades. Te lanzo otra pregunta: ¿Todo lo que haces diariamente está alineado con lo que es importante para ti? Si sacamos el trabajo de esta ecuación (pues la realidad es que no todos pueden trabajar en aquello que les motiva –si estás buscando tu propósito para trabajar en aquello que te gusta, he diseñado para ti el programa Vivir con Alma–), el resto de actividades diarias, las haces porque te gustan o para cumplir con algún “mandato” explícito o tácito. Es decir, a veces no es que alguien nos pida o mande explícitamente que hagamos ciertas cosas, sino que en nuestros contexto social o familiar se da por supuesto que debemos actuar así y nosotras lo interiorizamos. Pero si nos preguntamos por qué o para qué lo hacemos, realmente vemos que no atiende a nuestros deseos. Por ejemplo, ir al gimnasio. Me encuentro con muchas mujeres que hacen ejercicio diariamente sin que les guste ni vean más motivación que tener una imagen acorde a los cánones de belleza socialmente impuestos. Te animo a que te preguntes si todo lo que haces responde a una motivación tuya o impuesta. No se trata de descartar todas las impuestas externamente, porque evidentemente la realidad es que a veces tenemos que hacer cosas que no son exclusivamente para nosotras. Pero espero que al menos reflexionar sobre cuál es la motivación te ayude a ver si puedes prescindir de algunas actividades o delegarlas.

La idea es cribar, seleccionar aquello que realmente es importante para ti y que no tienes en tu vida por inercia o por convencionalismos sociales, pero sin perder el confeti y la purpurina de la vida. Y te cuento por qué, ya que precisamente eso es lo que me ha pasado a mí al intentar simplificar mi vida y me gustaría compartirlo contigo por si te ayuda. Desde que volví de India y me di de bruces con la realidad occidental de nuevo, he estado intentando llevar un estilo de vida más simple, que no acarree tanto ajetreo y me reste energía. Básicamente, para mi la premisa ha sido querer enfocarme en aquello que realmente es importante para mí, porque donde pones la atención es donde va tu energía, y esta es una de las claves principales de la productividad personal consciente. Por ello, después de un periodo de adaptación en el que volví a deleitarme con todos los placeres de la vida occidental, empecé a diseñar una vida más sencilla en medio de esta vorágine. Para ello, dejé de hacer ciertas actividades (las personas que me conocen desde hace tiempo saben que yo era capaz de estar implicada en mil proyectos a la vez, tener vida social, estar a puntada a varias actividades “extraescolares” –como me gusta seguir llamándolas– y estar presente en la vida de mi familia y amigos. Por tanto, te puedes imaginar el gran cambio que iba a dar y las resistencias que eso crea en el entorno que ya tiene una imagen de ti “y no le apetece cambiarla”). Digamos que me puse a arrancar malas hierbas, a podar árboles, arbustos y demás y acabé dejando el jardín ¡como un desierto! Esto es muy propio de mí, pasar de un extremo a otro, pero la virtud está en el medio. Cribar o eliminar ciertas cosas de tu vida es una buenísima estrategia siempre y cuando sean las que realmente hacen ruido, las que no te dejan avanzar, las que te suponen una carga porque te llevan a implicarte en más tareas. Es quitar malas hierbas, pero teniendo cuidado con las flores, los arbustos, los árboles que dan fruto, que alegran tu jardín, que le ponen color a tu día a día. En mi caso, dejé o me plantee dejar de hacer cosas que me apasionan (estudiar lengua de signos, jugar al baloncesto, ir al teatro, etc) y eso me llevó a sentir que mis días, si bien más sencillos y organizados, eran grises y simples, planos, sin confeti. No quites nunca de tu vida aquello que te arranca una sonrisa, que nutre tu alma, en definitiva, el confeti de tu vida.

Simplificar tu vida una estrategia realmente efectiva para la productividad personal y algo para lo que no precisas de materiales o preparación previa, lo que no quiere decir que sea fácil. Si decides realizar el ejercicio de deshacerte de un 20% de las cosas que tienes y que llevas más de 3 meses sin utilizar, verás que hay una fuerza superior a ti que te lo impide: se llama apego y es difícil luchar contra ello. Por ello, en lugar de luchar, acéptalo: acepta que estás apegada a cosas materiales, acepta que tienes dependencias emocionales, etc. Desde la aceptación, desde el reconocimiento del fango el loto puede florecer :)


Una respuesta a “5 formas de hacer tu vida más sencilla (que no más simple)”

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