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“¿A quién le importa lo que yo haga…?”

¿Qué tal sienta recibir feedback de las personas que te quieren? ¿Te han sorprendido las respuestas de tu entorno sobre la imagen que tienen de ti? ¿Qué tipo de adjetivos han utilizado? ¿Describían sólo tu aspecto físico o algo más?

En ocasiones, cuando se habla de la autoimagen también se incluyen aspectos más abstractos como las aptitudes o capacidades o la personalidad. Para mostrar con más claridad la diferencia y poder trabajarlos de forma separada, incluyo este tipo de características en lo que se conoce como autoconcepto, que es de lo que me gustaría hablarte hoy. Son todos aquellos valores, creencias, intereses, pensamientos, razonamientos y evaluaciones que haces de ti misma. Al igual que la autoimagen, la idea que tienes de ti misma no tiene por qué coincidir ni con la realidad ni con lo que los demás opinan de ti. Si quieres, puedes repetir el juego de pedirle a tu entorno tres adjetivos que te describen y sorprenderte o reafirmarte con las respuestas. Asimismo, el autoconcepto también puede (y suele estar condicionado) por las creencias y convenciones sociales. Probablemente, a medida que vas leyendo, te vengan a la mente algunas ideas que tienes sobre ti, unas más positivas que otras, unas heredadas de las opiniones de tus padres y otras construidas por ti. Concédete unos minutos y escribe esas ideas empezando por “Yo soy … “

¿Qué tipo de adjetivos te describen? ¿Predominan los que se refieren a tu imagen o tus capacidades? ¿Te has enfocado en lo que eres o en lo que haces? ¿Prevalecen las características positivas o tienes tendencia a fijarte en lo que no eres, en lo que te falta o te gustaría mejorar?

En mi caso, como te comentaba en el artículo anterior, durante mucho tiempo yo di más valor al intelecto (autoconcepto) y dejé relegado mi aspecto físico (autoimagen), concretamente el cuerpo y no tanto la cara, a un segundo plano. A esto hay que sumarle que mi autoconcepto giraba más en torno a mis aptitudes, mi capacidad de hacer, lo que me llevaba a valorarme por lo que hacía y no tanto por lo que era. Probablemente ya puedas intuir a qué nivel estaba mi autoestima, pues ésta dependía en mucha más medida de mi autoconcepto que de mi autoimagen. Para expresarlo más gráficamente, mi autoimagen representaba un 20% de mi autoestima y mi autoconcepto (basado en el hacer) un 80%. Durante un tiempo, esto me permitió creer que tenía una autoestima sana, pues cada logro que conseguía era crédito que sumaba a mi cuenta emocional. Pero claro, llegó un momento en el que el hacer ya no me satisfacía, y además, ya no podía hacer ni al mismo ritmo ni al mismo nivel de perfección, por tanto mi insatisfacción fue aumentando.

Como puedes ver, aunque a nivel conceptual intente distinguir el autoconcepto y la autoimagen, la realidad es que están interrelacionados y uno influye en el otro, y estos a su vez en el autoestima. Si te ayuda verlos de forma más gráfica, yo suelo representarlo así

autoconcepto

El autoestima está en el centro y se ve influida por ambos en distinto grado (esto depende de cada uno). Sin embargo, en este diagrama sitúo la autoimagen más al exterior porque así es más fácil comprender que está relacionada con lo que se ve desde fuera, con la apariencia.

Si tengo una autoimagen negativa o simplemente sesgada (como era mi caso, que sólo me veía guapa de cara pero rechazaba mi cuerpo), si me enfoco en las capacidades que me faltan y no en aquellas que poseo y que puedo potenciar, difícilmente podré valorarme, aceptarme y quererme tal cual soy. No obstante, la autoimagen o autoconcepto distorsionado no sólo están sesgados al enfocarse en los aspectos negativos. También hay autoconceptos distorsionados a la inversa. Por ejemplo, puede que yo sea una persona perezosa, pero soy consciente de que está mal visto. Por tanto, me cuesta aceptar esa imagen de mí y prefiero verme como una persona “activa pero calmada” (un eufemismo para contentarme). Aquí entra el juego la sombra, aquello que no acepto de mí, de lo que ya te hablé en este artículo.

En el próximo artículo te contaré cuál es el común denominador de los tres pilares del amor propio, y cómo mejorarlos para aprender a MIMARTE. Pero mientras, te animo a dejar en los comentarios tus “Yo soy…”


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