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Las creencias limitantes de la productividad

¿Cómo va el juego de cazarte en tus propias creencias que te proponía en el artículo anterior? ¿Has identificado las creencias que te limitan y las que te potencian? Quizá de momento resulte un poco complicado o caótico porque te enfocas en varios aspectos. Por ello, en el artículo de hoy me gustaría que nos siguiéramos hablando de las creencias limitantes respecto a la productividad.

En el artículo anterior (link) te conté cómo la creencia de que levantarse tarde es de vagos no me había permitido identificar claramente cuál era la franja horaria en la que soy más productiva. A medida que he ido practicando este juego de cazarme en creencias, he identificado más que me frenan o limitan a la hora de ser más productiva y me gustaría compartirlas contigo por si son las mismas o quizá las contrarias, y así te doy otra perspectiva.

Las creencias, como hemos comentado, son las interpretaciones que hacemos de la realidad. Y más concretamente, cómo ponemos en práctica los valores o aquello que es importante para nosotros. Por ejemplo, si yo creo que la honestidad es un valor, mi vida se rige por la honestidad y todo lo que haga lo haré intentando respetar el valor de la honestidad. Para algunas personas honestidad significa no mentir y para otras significa ser muy muy sinceras y decir todo lo que se les pase por la mente. Son dos formas (creencias) distintas de honrar ese valor en la vida.

Pues bien, yo siempre he creido que ser trabajadora era un valor. Como te comentaba, en mi familia lo que se premiaba era levantarse pronto y ser muy trabajador. Y eso es lo que yo aprendí y puse en práctica gran parte de mi vida. Hasta que un día me di cuenta de que la forma de encarnar ese valor en mi familia siempre había sido trabajar como hormiguitas, en tareas u oficios que por lo general implicaban trabajo manual, al que había que dedicar muchas horas y mucho esfuerzo. Y entonces me pregunté: ¿qué lente llevan puestos los que se ganan la vida trabajando pocas horas? ¿los que ven oportunidades de mejorar su negocio en cuestiones que no implican trabajo manual? Y empecé a ver la realidad que me rodeaba de otra forma: me di cuenta de que ser productiva y trabajar de forma eficiente no era “echar horas”, comprendí que podía concentrar esfuerzos y ser más eficiente sin tener que estar ocupada todo el día, etc. Entendí que ser productiva y “sacar trabajo adelante” no tenía que ser sinónimo de trabajar 24/7 y que no me iban a premiar por estar todo el día sentada delante del ordenador. La clave era encontrar la forma de ser más productiva para poder disfrutar de mi vida, más allá del trabajo (aunque éste me encante).

Cuando pensaba que había identificado y cambiado una creencia, me topé con otra en parte relacionada con ésta (las creencias suelen estar relacionadas, y son como espirales … una te lleva a otra.. hasta que das con la creencia raíz). Trabajar de forma más eficiente era trabajar más deprisa e ir aprovechando el tiempo al máximo ¿te suena? Sí, es trabajar en modo multitarea y además intentar aprovechar cada minuto para hacer algo supuestamente productivo. A mí esta creencia me llevó a encajar planes (además con una lente muy muy distorsionada que no me permitía bien calcular el tiempo que iba a necesitar para cada tarea o desplazamiento), hacer varias tareas a la vez, aprovechar cada minuto para hacer algo supuestamente productivo, sin descansar … ¿Resultado? Un alto nivel de agotamiento por el derroche de energía que se sumaba a los efectos del estrés y la sensación de insatisfacción (porque pocas veces finalizaba el día con las tareas importantes acabadas).

Pero ahí no acababa mi lista de creencias limitantes… La siguiente fue pensar que para ser productiva debía tener por delante tramos de tiempo muy extensos. Es decir, cada vez que tenía que sentarme a hacer alguna tarea importante (“sesuda”, como me gusta llamarlas) lo preparaba todo para poder tener varias horas por delante, sin interrupciones, sin otras tareas o recados que hacer, etc. En este punto probablemente pienses que es una buena estrategia intentar no tener interrupciones y poder trabajar de seguido. Y así es, siempre y cuando el resultado sea realmente acabar la tarea que debías hacer y no simplemente estar sentada delante del ordenador. Este es un claro ejemplo de que una creencia para algunos puede ser limitante y para otros potenciadora. En mi caso era limitante, porque me llevaba a no poder dedicarme a mis tareas “sesudas” ya que en una jornada me resultadaba difícil encontrar tramos de tiempo tan extensos. Así que postergaba continuamente esas tareas con la excusca de que no me iba a poder concentrar si no tenía por delante 2-3h. ¿Cómo identifiqué esta creencia? Primero, dándome cuenta de que al final, aunque hubiera estado sentada 3 horas, no acababa la tarea sesuda que me había propuesto. Segundo, cuando un día, en un tramo de tiempo relativamente corto, fui muy productiva a la par que creativa y se me ocurrió una idea para uno de los cursos. Entonces entendí por qué algunas personas son realmente eficientes al “trabajar bajo presión”, aunque esto no suene muy positivo y alentador. La limitación viene cuando se impone como ritmo de trabajo habitual y fruto de estar postergando continuamente o haberse acostumbrado a trabajar apagando fuegos (solucionando las tareas importantes cuando se vuelven urgentes)

Conclusión: cada uno tenemos nuestras creencias sobre el valor del trabajo, la productividad, o la eficiencia. La cuestión está en identificar si esas creencias te están ayudando en la consecución de mis objetivos o son trampas o excusas que te hacen creer que estás sacando trabajo adelante cuando en el fondo sólo estás ocupando tiempo. ¿Te sientes identificada con alguna de mis creencias? ¿Has detectado en ti alguna creencia distinta? Compártela en los comentarios para que todas podamos ponernos una lente diferente, al menos por un momento, y mejorar nuestra fórmula para la productividad.


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