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Lo que te hace única

La semana pasada explicamos la clave para una buena gestión emocional: la aceptación de las emociones. Si bien las emociones son una parte esencial de nosotras, somos mucho más (mente, cuerpo, alma, etc). Por ello, en el artículo de hoy, ahondamos en la importancia de la aceptación en otros muchos aspectos.

¿Cuántas veces has rechazado o criticado algo de ti? Siendo honesta, probablemente muchas veces, por esa tendencia de la mente a concentrarse en lo negativo, como ya hemos visto. Si analizamos el origen de esas críticas, podemos identificar estas cuatro causas

  • La comparación con un compañer@, amig@ o incluso alguien que pasa por la calle ¡a quien ni conoces!

  • El perfeccionismo, esa necesidad de cumplir con unas expectativas (la mayoría de las veces irreales e inalcanzables) autoimpuestas

  • La insatisfacción permanente (muy ligada al perfeccionismo), esa sensación de que todo podría ser de otra forma, mejor, o en ocasiones, ni siquiera mejor, simplemente diferente.

  • Las creencias, a veces heredadas, a veces generadas por nuestra propia experiencia del mundo. De esto hablaremos en el próximo post.

Probablemente haya muchas más, pero quizá éstas sean las más dañinas pues conllevan una crítica constante hacia ti misma que genera ansiedad, lo que no te permite vivir en calma. Si eres perfeccionista, te pasarás el día haciendo y haciendo porque el resultado nunca te parece satisfactorio ni acorde a tus expectativas. Y de ahí esa insatisfacción permanente, que incluso puede que te genere sentimiento de culpa. Si te comparas con otros, probablemente tu mente, una vez más con la lente desenfocada, sólo vea aquello en lo que eres inferior o peor, aunque también es cierto que si enfocaras la lente y vieras aquello en lo que eres superior o mejor, tampoco te ayudaría mucho. Al fin y al cabo seguiría siendo una comparación, pero que podría cambiar de un momento a otro. En definitiva, eres presa de lo que tu mente genera: comparaciones, creencias, exigencias, etc.

Ante este panorama, ¿qué podemos hacer? La respuesta es simple, aunque ponerla en práctica puede que no sea fácil: la aceptación. Aceptar lo que eres es el primer paso. La aceptación te ayuda a crecer, a desarrollarte, pero claro está, antes de poder realizar un cambio o mejora, es esencial conocerte tal y como eres. Para ello, sin duda la práctica del registro emocional es un paso importante, entre otros, como por ejemplo aceptar tu cuerpo o tu necesidad de pertenencia a un grupo o de trascendencia.

Al hablar de aceptación no me refiero exclusivamente a aquellas partes de ti que te gustaría mejorar o cambiar, sino por supuesto también a todos tus talentos, a tus virtudes, a aquello que te hace brillar. La aceptación te irá permitiendo poco a poco ser más ecuánime contigo misma, irás entrenando la lente de tu mente para que se enfoque por igual en tus virtudes y áreas de mejora. Si continuamente rechazas lo que ves en ti (teniendo en cuenta que una nunca puede tener una visión 360º de una misma), tu nivel de autoexigencia irá en aumento y dificilmente estarás satisfecha con lo que eres. Pero lo que eres es único: en ti confluyen virtudes, características, potenciales que te hacen ser especial tal cual eres. Puede ser tu forma de reir o de tomar notas de forma desordenada (éste es mi caso y cada vez que releo las notas que he tomado en una conferencia o reunión me maravillo de mi lado Picasso ;) ) o con mil colores, tus sueños y aspiraciones vitales o simplemente la forma en la que combinas la ropa ( o no la combinas, jaja). Desde las cosas pequeñas, todo lo que eliges hacer y ser te hace única.

Por ello, esta semana te invito a seguir identificando tus emociones y también poner el foco en una cualidad de ti cada día que te haga única y exclusiva. Empecemos enfocando la lente en aquello que te hace brillar. ¡Compártelo en los comentarios; estoy deseosa de leer lo maravillosa que eres!


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