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Mi cara me ha abierto muchas puertas

Así, como lo lees. Esto es lo que yo pensaba durante muchos años y lo que afirmaba sin ningún pudor. Y te podrás imaginar la reacción de mi entorno. Yo dije esta frase hace varios años hablando con mis amigas sobre la importancia del aspecto físico en los procesos de selección para puestos de trabajo. Para entonces, yo tenía una imagen de mí muy positiva en lo que a mi cara se refiere (no respecto a mi cuerpo, como te explicaré más adelante). Me consideraba guapa y tenía la suficiente seguridad y confianza en mí misma como para afirmarlo abiertamente. No obstante, con esta afirmación no pretendía sacar a relucir mi belleza. Lo que yo sostenía es que en una entrevista de trabajo la apariencia física que sigue unos cánones estéticos socialmente aceptados (ya sea de forma natural o moldeada por la vestimenta o el maquillaje) era un factor que influía a nivel inconsciente. Es decir, incluso si el entrevistador no lo tiene presente a nivel consciente, si la persona a la que está entrevistando tiene una buena apariencia física, el entorno que se genera es agradable y la entrevista fluye. Ojo, no pretendo afirmar que esto es así siempre y de forma perentoria, pues evidentemente entran en juego muchos otros factores y éstos siempre serán subjetivos y propios de cada persona. Sin embargo, si en cada época, periodo histórico o cultura existe un canon de belleza (aunque no sea compartido por todos los integrantes de esa sociedad) es porque hay ciertos rasgos que están ampliamente aceptados como agradables y atractivos. Y esto es lo que se pone en marcha a nivel inconsciente en cualquier interacción personal.

La cuestión está en que al soltar esta frase, la reacción de mis amigas fue cuanto menos de sorpresa (y de carcajadas, claro está). De hecho ha traído tanta cola que en mi último cumpleaños me regalaron el cartel que ves en la foto ;)

La sociedad no está preparada para una afirmación así de tajante, máxime cuando lo que demuestra es que te quieres mucho. Está mal visto, sin más. Se acoge mejor una afirmación en la que te hagas de menos, te restes importancia, te muestres débil o te quites mérito. Y si además tiene que ver con el aspecto físico, eres una frívola, porque el físico se supone que no es importante, que lo que importa es el intelecto, que tu físico te viene dado y no depende de ti, que no deberían cogerte para un puesto de trabajo por tu físico, etc. Contraargumentaciones las habrá y yo comparto muchas de ellas. No obstante, probablemente la respuesta de alarma habría sido, si no la misma, al menos similar, si lo que hubiera afirmado fuera “estoy más que preparada para este puesto” o “me van a seleccionar porque tengo un excelente expediente académico”. Porque la cuestión es que yo estaba dando muestras de que me quería, de que valoraba esa parte de mí. Tenía una buena autoimagen (al menos de una parte) que emanaba de una sana autoestima.


Con el artículo de la semana pasada, de la mano de Cristina Ramón, he inciado una una serie de artículos en torno al amor propio para ayudarte a MIMARTE. Los tres pilares del amor propio son el autoestima, la autoimagen y el autoconcepto, cuestiones que tienden a confundirse. Aunque están interrelacionadas y se influyen mutuamente, son conceptos distintos y me gustaría ayudarte a diferenciarlos para poder trabajar de forma separada en cada uno de ellos. En el artículo de hoy quiero hablarte de la autoimagen.

Todos tenemos una imagen de nosotros mismos, aunque no seamos conscientes de ella. Cuando piensas en ti, ¿cómo te ves?, ¿qué adjetivos utilizas para describir tu físico? ¿A qué aspectos de tu imagen prestas más atención? La autoimagen se define como aquella serie de límites, formas, figuras y valores estéticos que tienes de ti misma. Básicamente es la fotografía que proyectas de ti en tu mente y cómo la valoras. Si te detienes a pensar en ello, probablemente te vengan ideas de lo que te gusta de ti o quizá de lo que te gustaría mejorar. Lo interesante de esto es identificar de dónde proceden estas ideas y si coinciden con la imagen que los demás tienen de ti.

Vivimos en una sociedad en la que la imagen ha ido cobrando cada vez más protagonismo: nos bombardean con anuncios publicitarios para perder peso, tener la piel más tersa, alargar las pestañas, prendas para lucir mejor, etc. Precisamente querer rebelarme contra esta presión social fue lo que a mí durante un tiempo me hizo dejar de lado mi cuerpo, pues no se ajustaba a los cánones que la sociedad acepta. Me consideraba guapa de cara, pero no valoraba mi cuerpo y decidí dejarlo relegado a un segundo plano. Cuando me di cuenta de que al ignorar mi cuerpo por rebeldía en cierto modo también estaba siendo víctima de este imperialismo estético, me reconcilié con mi cuerpo y empecé a cuidarme también en este aspecto.

Quizá este no sea tu caso y tú sí tengas presente tu imagen, la cuides y busques mejorarla diariamente. En este sentido, te invito a que te plantees dos cuestiones esenciales. En primer lugar, ¿a qué atiende tu imagen? ¿qué canon estético tomas como referencia? ¿aspiras a tener una imagen sana, acorde a tu fisonomía o constitutción, o más bien sigues los dictados de la industria de la imagen? Es importante ser consciente de qué imagen tienes de ti y, si quieres mejorarla, cuál es tu punto de referencia. En segundo lugar, cuando hablas de ti a los demás, ¿suele coincidir la imagen que tienen de ti con tu autoimagen? Éste es un aspecto clave: por lo general nuestra autoimagen difiere de lo que los demás ven, y desafortunadamente, nosotras tendemos a ser más críticas que los demás. De hecho, es precisamente esta autoimagen negativa de nosotras mismas lo que nos lleva a sentir vergüenza, a pensar que los demás nos van a criticar, que no vamos a gustar, etc. Si hicieras más a menudo el ejercicio de preguntar a tu entorno (a personas cercanas a ti, que te quieren y que son sinceras) qué imagen tienen de ti, probablemente te sorprenderías o cuanto menos podrías verificar si dista mucho lo que tú piensas de ti misma.Para ello, te propongo un juego: pídele a tres personas de tu entorno que te digan (o envíen por whatsapp, pues en este caso la distancia que imponen las nuevas tecnologías puede ayudar a la sinceridad;) ) tres adjetivos cada una (tanto positivos como negativos) sobre ti. ¡Puedes compartir en los comentarios las maravillosas cosas que dicen de ti tus amig@s y familiares!


2 opiniones en “Mi cara me ha abierto muchas puertas”

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