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No soy vaga: soy flexible y me respeto

Estas dos últimas semanas he experimentado varios “imprevistos” que me han permitido afianzar la importancia de la flexibilidad para ser más conscientemente productiva. En este artículo me gustaría compartir estas experiencias contigo y contarte cómo las he afrontado, sin tacharme a mí misma de “vaga”.

En primer lugar, la flexibilidad es uno de los pilares de la Productividad Personal con CAlma en el sentido de ser respetuosa con una misma, con tu ritmo y tus momentos. No siempre estamos igual de energía, de ánimo, de fuerza de voluntad, y es importante tenerlo en cuenta. Como sabes, este año, mi propósito de año nuevo consiste en volver a correr una carrera de 10km (en este video, explico por qué es un propósito relacionado con la productividad y cómo es mi plan de acción). Hace dos semanas, cuando estaba en la fase del plan de acción que consistía en correr 2kms 3 días a la semana, noté que tenías las piernas muy cargadas, me dolían mucho las rodillas y en general estaba muy cansada y no me sentía con vitalidad (cuando el objetivo de salir a correr era justo lo contrario). Evidentemente, algo de cansancio y que mi cuerpo se resienta es normal (pues lo estaba llevando a un ritmo al que no estaba acostumbrado), pero yo me dí cuenta de que mi cuerpo me estaba hablando: no era normal que me dolieran tanto las rodillas. Así que, conscientemente, decidí que la semana siguiente iba a respetar más mi cuerpo y a escucharlo. Mi idea no era abandonar el propósito de año nuevo, sino “adaptarlo” siendo flexible y sin castigarme por no pudir cumplir el plan de acción que me había fijado. Se podría decir que esto era un pequeño imprevisto: no había sido capaz de prever que quizá mi cuerpo no podría seguir el ritmo que yo pretendía. Pero ante esta situación, tenía la disyuntiva de o bien castigarme a mí misma arrepintiéndome o abandonando el propósito, o bien, ser flexible y respetar mi cuerpo. Y opté por esta última, sin por ello criticarme o juzgarme. Ante esta situación, algunas personas pueden pensar que básicamente me estoy dejando llevar por la pereza, que soy una vaga y lo justifico disfrazándolo de “flexibilidad”. La diferencia radica en que yo soy consciente de por qué y para qué lo hago, y no ha implicado abandonar mi propósito de año nuevo, sólo remodelarlo porque no podía cumplirlo como yo había previsto. Todo plan de acción requiere revisión, para lo que resulta muy útil fijarse indicadores de éxito que te permitan saber qué grado de cumplimiento llevas.

En segundo lugar, la flexibilidad es esencial para ser más productiva por el carácter cambiante de la vida. Ante esta afirmación, también suelen alzarse voces que comentan que si siempre soy flexible ante lo que me acontece en la vida, me estaría dejando llevar, estaría reaccionando y no respondiendo. Esta afirmación es parcialmente cierta: efectivamente, si me dejo llevar siempre por los imprevistos, entonces contradigo otro de los pilares básicos de la Productivida Personal con CAlma: planificar y programar. La cuestión está en que esa planificación y programación incluya una cajita para los imprevistos, y además, que sepamos calibrar o priorizar el grado del imprevisto que surge. Por ejemplo, hace dos semanas (aparte de la decisión de rebajar mi ritmo de correr porque me dolían las rodillas), la vida me trajo un imprevisto con MAYÚSCULAS, una de estas cosas que bajo ningún concepto puedes prever cuándo va a llegar a tu vida (pero sí que va a llegar). Un poco como las nevadas de la semana pasada: no se puede prever cuándo va a llegar, pero si tienes una cajita de imprevistos, su llegada no trastoca tanto tu planificación y programación. Pues bien, ante este imprevisto con mayúsculas (muy positivo, por cierto), opté por ser flexible una vez más: aparté ciertos asuntos que no eran tan urgentes (sin descuidarlos en exceso para que no se convirtieran en una urgencia o un imprevisto dentro de unas semanas) y remodelé mi planificación de trabajo y de cumplimiento del propósito de año nuevo. Una vez más, la clave es ser consciente y no hacerlo estando en piloto automático, reaccionando, sino respondiendo con una elección consciente (lo que implica también responsabilizarse de las consecuencias de esa elección) ante la nueva circunstancia que se te plantea en la vida. A veces no está tan clara la línea para distinguir si es un imprevisto con mayúscula (que requiere que en ese momento le dediques toda tu atención) o es un imprevisto que podía haber sido previsto o un imprevisto que puede esperar. La clave es tomar conciencia de por qué ha llegado ese imprevisto a tu vida, si era tan imprevisto o se podría haber impedido, y una vez que lo hayas categorizado, ubicarlo en tu escala de prioridades. De esta forma, estarás respondiendo con flexibilidad (y responsabilidad) ante la nueva circunstancia y se rebajará también tu posible sentimiento de culpa por no estar cumpliendo tu planificación y programación tal y como habías previsto.

Por tanto, hay una gran diferencia entre ser vaga y ser flexible y tomar decisiones conscientes que te permitan afrontar las situaciones con serenidad y sin sentimiento de culpa. Aún así, descubrir que se tiene tendencia a la vagancia no es delito, supone simplemente tomar conciencia de un aspecto de ti (no ERES vaga, sino que a veces tienes comportamientos perezosos). La semana pasada una clienta me comentaba que creía que era vaga y precisamente por eso se afanaba en trabajar tanto y tanto. Esta creencia podría explicarse en parte por su sombra (una parte de ella que no acepta y que ha ocultado), o en parte simplemente porque a veces somos excesivamente críticas con nosotras mismas y nos sale el juicio antes de intentar entendernos. No soy vaga, soy flexible y me respeto. Y tú, ¿cómo afrontas los imprevistos de la vida? ¿eres flexible o te criticas? Te invito a reflejarlo en los comentarios


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