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¡Ponle confeti a la vida!

Cuando se emprende el camino del autoconocimiento como lo hacemos en el programa Vivir con CAlma interior, lo que una se encuentra no siempre es un camino de rosas … Es un proceso de indagación, de adentrarte en tus sombras para ir descubriendo tu luz… y esos momentos en los que conectas con lo más puro de ti son indudablemente preciosos. Pero en el proceso para vislumbrar tu luz en ocasiones puede que también descubras aspectos de ti, circunstancias, situaciones que no te son tan agradables. Aparte de los distintos trucos de maquillaje emocional y mental de los que te hablé en artículos anteriores, hoy me gustaría hablarte de cómo hacer más llevadero ese proceso de indagación y en general tu día a día, mediante la capacidad de ilusionarte.

Has leído bien, “capacidad de ilusionarte”, porque es una aptitud que se puede aprender, desarrollar, ampliar. Cuando somos niños, prácticamente todo nos hace ilusión pues entra el juego el factor de la novedad. A medida que vamos creciendo y nos acostumbramos a nuestra rutina, nuestro entorno, a nuestras “cosillas” el factor novedad desaparece. Es más, muchas veces buscamos conscientemente (o inconscientemente) quedarnos en lo “malo conocido…” en lugar de buscar lo bueno por conocer, reduciendo así nuestra zona de confort a un círculo muy limitado y monótono. Es decir, a veces preferimos comodidad frente a expansión y mejora, porque todo lo nuevo nos puede suponer un desafío, tener que aprender formas nuevas de hacer y de ser, y eso incomoda. La cuestión está en que esa comodidad muchas veces esconde una monotonía que nos va apagando poco a poco por dentro. El ser humano tiene seis necesidades básicas, entre las cuales están la variedad y el crecimiento o desarrollo. Por tanto, es inevitable que, pasado un tiempo en la monotonía que aporta seguridad (otra de las necesidades básicas), ésta ya no sea fuente de satisfacción (aunque durante un tiempo lo haya sido) y busques “algo más”.


Yo siempre he sido una exploradora incansable, buscando aventuras y experiencias nuevas. Y siempre me pareció que era un aspecto muy positivo en mí, el querer salir siempre de lo que yo consideraba mi zona de confort. No me costaba nada, cambiar y reinventarme continuamente era algo que hacía de forma natural. Pero recientemente descubrí que precisamente esa tendencia de cambio continuo era donde yo me encontraba cómoda. Aunque parezca contradictorio, mi zona de confort suponía estar continuamente cambiando de ciudad, de casa, iniciando proyectos profesionales nuevos, estableciendo nuevas relaciones sociales, ampliando mi círcuslo de amistad. ¡Lo que a mí me hace salir de mi zona de confort es aguantar quieta más de dos años! Y en eso estoy. Estoy pasando por un periodo de tranquilidad y calma, que ha implicado simplificar bastante mi vida, haciendo un verdadero ejercicio para no comprometerme con proyectos o actividades por inercia (siguiendo mi tendencia natural). Y el resultado está siendo realmente gratificante, pues he descubierto otra forma de estar en el mundo que también me satisface. Y en cualquier caso, supone un proceso de aprendizaje. Sin embargo, últimamente he detectado que, fruto de ese ejercicio consciente de limitar los proyectos y cambios en mi vida, había dejado de lado ciertas cosas que hacían de mi día a día una miniaventura con más pasión y alegría. Suele ocurrir que, cuando estás en un extremo y quieres moderarte, pases al extremo contrario. Así que lo que te propongo es encontrar el medio, donde está la virtud. En mi caso, esas cosas que me hacían poner “brilli-brilli” a mi vida tenían que ver con mi lado “artista” ;) Me encantan las manualidades y bailar y cantar, aunque esto último se me da fatal. Si has leído la sección Sobre mí en la web habrás visto que uno de mis propósitos era aprender a cantar. Pues bien, he dado el primer paso (porque recuerda, un sueño si no se planifica y se pone en acción se queda en sueño) y ¡me he apuntado a un coro! En mi caso, esta decisión supone vencer una creencia limitante y a la vez seguir desarrollando mi lado artista, pero sobre todo me permite poner confeti y purpurina a mi vida. Es un ejemplo, como otro cualquiera, pero la idea que subyace es que, aunque estés en un determinado contexto o situación, aunque ya te hayas dejado arrastrar por esa rutina y monotonía, si te dedicas unos minutos de reflexión, seguramente encontrarás aquello que te hace ilusión. Quizá no tenga que ser algo grande, quizá simplemente sea ponerte a pintar como cuando eras niña, hacer una actividad que siempre has pensado que “no era productiva”, vestirte todos los días con colores que te alegren y te sienten bien, etc. Por lo general, las cosas que nos hacen ilusión son aquellas que hacíamos de niños, sin importarnos el resultado. La cuestión está en que tú eres la que mejor conoce aquello que te hace ilusión, que te arranca una sonrisa, y por lo tanto puedes aplicarlo en el día a día. La elección está en ti: dejarte arrastrar por la monotonía o ponerle una nota de color a tu vida, volver a sacar a jugar a tu niña interior. Te animo a dejar en los comentarios tus trucos de brillantina y purpurina, que seguro que a muchas nos sirven también.

¡Que tengas un día feliz y lleno de confeti! ;)


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