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¿Por qué estoy hasta el moño de la multitarea?

¡Sí,sí, hasta el moño! No sólo de practicarla si no de los movimientos que la defienden. Simple y llanamente, le he declarado la guerra a la multitarea y en este artículo me gustaría explicarte por qué.

Hace unos días, a raíz de una entrevista que me hicieron en Europapress (si no la leíste, puedes leerla aquí), en la que hablaba de acabar con la multitarea y con el papel de superwoman socialmente impuesto, un lector me escribió para entender por qué defiendo estas ideas. Su argumentación era la siguiente: puesto que las mujeres son muy inteligentes y pueden hacer muchas cosas a la vez, ¿no deberían ellas precisamente aprovechar esta ventaja innata femenina? Detrás de esta alabanza y sugerencia, se esconden muchas suposiciones que pueden tener implícito un imperativo social no deseado y que me gustaría desarrollar en este artículo.

Antes de nada, me parece importante hacer una distinción: no es lo mismo la multitarea que ser multifacética. Por un lado, la multitarea implica estar haciendo varias cosas a la vez (o al menos eso creemos, porque realmente nuestro cerebro no procesa dos acciones a la vez), como por ejemplo, hablar por teléfono y seguir escribiendo en el ordenador. Por otro lado, ser una mujer multifacética puede tener muchas interpretaciones, como desarrollar trabajos muy distintos (por ejemplo, yo, aparte de formadora y coach, también soy traductora) o tener muchas actividades de ocio también muy diversas (cantar en un coro, jugar al baloncesto e ir al teatro). Básicamente, implica que desarrollas diferentes facetas de ti en tu día a día. Y esto se puede hacer desde una elección consciente y teniendo claro el para qué, o desde una imposición social y apropiamiento inconsciente de este rol, que suele ser el caso de la Superwoman (mamá, profesional en su campo de trabajo, la mejor hija, una amiga excelente, la mejor hermana, la más motivada en el gimnasio, la alumna aventajada en clases de macramé, etc..), que además pretende siempre llegar a un nivel de excelencia inalcanzable en todas estas facetas. Pero este tema me gustaría tratarlo con mayor profundidad en otro post.

Aclarada esta diferencia, reitero mi actual enemistad con la multitarea. Aunque no siempre ha sido así. En mi época de trabajadora por cuenta ajena, cuando solía trabajar en oficina –ya fuera para una ONG, una agencia de traducción o como recepcionista– me jactaba de ser la reina de la multitarea, pues llegaba a límites propios de una extraterrestre, haciendo muchísimas cosas a la vez (¡¡y todavía no había whatsapp ni las redes sociales tenían tanta incidencia en nuestras vidas!!). Consideraba que la multitarea era lo que me permitía ser mucho más productiva y por eso “era una máquina trabajando”, o eso creía yo. Pero no sólo yo, puesto que si yo obtenía tanta satisfacción practicando la multitarea era porque laboralmente estaba bien visto; era un signo de productividad y eficiencia. Lo que no tuve en cuenta entonces era el coste emocional (y después físico) que estaba pagando. Llegó un punto en el que este coste emocional empezó a hacer estragos en mi (supuesto) sistema de productividad: trabajaba con muchísimo estrés y ansiedad, me faltaba claridad mental y por lo tanto cada vez trabajaba más lento, por lo que intentaba recuperar horas fuera de la oficina que a su vez me impedían descansar y desconectar. Básicamente entré en una espiral de estrés, ansiedad, agotamiento físico y mental… Si has leído la sección La teoría de los seis grados de unión en mi web, sabrás que hubo un momento en mi vida en el coincidí con una jefa que tenía un estilo de dirección tóxico. Éste es ese momento. Con esto no quiero eludir mi responsabilidad (porque siempre estamos decidiendo y eligiendo, aunque sea inconscientemente), pero tampoco responsabilizarme exclusivamente de este episodio. En ese momento yo elegí someterme a ese nivel de estrés y ansiedad, de exigencia y de necesidad de aprobación, lo que ocurre es que no fue una elección consciente. Y aquí es donde mi reticencia a ser superwoman cobra máximo sentido, pero esto, como ya he comentado, lo abordaré más adelante.

Aparte de esta experiencia personal, me gustaría resumir los motivos por los que considero que la multitarea no es productiva.

En primer lugar, el cerebro no puede prestar atención eficazmente a varias tareas al mismo tiempo. Trabaja de forma secuencial, enfocando la atención primero en una tarea y luego desconectándola de ahí para pasar a la siguiente. Esta capacidad de conmutar la atención se conoce como “capacidad de alternancia” y por tanto no es un proceso simultáneo. Lo que ocurre es que algunos encadenamientos de tareas o actividades están tan automatizados y el lapso de tiempo entre una y otra tarea es tan corto que resulta imperceptible para el ser humano y tendemos a pensar que es simultáneo.

En segundo lugar, y como continuación del punto anterior, si lo que ocurre con mi cerebro cuando “intento” la multitarea es que le estoy pidiendo que lleve la atención constantemente de una actividad a otra (escribir en el ordenador, escuchar la conversación del teléfono, escribir, escuchar, escribir, escuchar…), es indudable que implica un gran desgaste de energía.

En tercer lugar, al no ser procesos simultáneos, realmente sí hay un lapso de tiempo entre una tarea y otra. En algunos casos ese lapso de tiempo es imperceptible, pero en otros podrás comprobarlo e incluso contabilizarlo. Por ejemplo, si en una mañana de 4 horas de trabajo, estás inmersa en varios proyectos, el tiempo que pierdes en pasar de uno a otro es exponencialmente proporcional al número de proyectos en los que estás implicada. Es decir, si tienes 4 horas y las dedicas a 4 proyectos, no dispones de 1 hora efectiva por proyecto, pues pierdes tiempo de dos formas. Primero, como ya he comentado, hay un lapso de tiempo al cambiar de un proyecto a otro. Segundo, cuando empiezas a trabajar en uno de esos proyectos, tu nivel de concentración no está al 100% desde el principio hasta el final, sino que va aumentando de forma progresiva (¡¡¡siempre y cuando no consultes whatsapp o las redes sociales cada 5 minutos!!!). Por lo tanto, quizá de 1 hora, eres productiva 35 minutos. Y si esto lo vas multiplicando por los 4 proyectos, la pérdida de concentración y, consecuentemente, de tiempo va siendo mayor. Sin hablar de la pérdida de energía y lo agotador que es para el cerebro (y por lo tanto para tu cuerpo) estar desviando la atención.

En cuarto lugar, estás entrenando a tu cerebro para que se disperse continuamente. ¿Recuerdas el mono saltarín del que te hablé en el artículo sobre los 6 trucos para simplificar tu entorno de trabajo? Pues bien, con la multitarea estás alimentando al mono ¡hasta convertirse en orangután! Luego no te extrañe si te cuesta concentrarte en una actividad cuando lo necesitas. Llevas años enseñando a tu cerebro a saltar de un lado a otro, creando conexiones neuronales en una dirección, y de repente le pides al cerebro que funcione por otra ruta o conexión neuronal, que pase tiempo parado en una sola actividad  ¡Evidentemente se aburre! y lo que hace es buscar constantemente otro foco de atención.

Uno de los aspectos que yo subrayé en la entrevista -y que fue parte de mi respuesta al lector que me escribió-, es que el hecho de que podamos (supuestamente) hacer varias cosas a la vez no significa que tengamos que hacerlo. Pues ¿cuál es el coste emocional de estar inmersas en varias cosas a la vez? ¿qué nivel de estrés y ansiedad nos genera? y sobre todo ¿podemos disfrutar de lo que hacemos si compartimos nuestra atención y energía entre dos o más cosas? La cuestión no está en si podemos hacerlo, sino en si queremos y estamos dispuestas a desgastarnos en el proceso,  para conseguir el supuesto fin de ahorrar tiempo (que no es tal). Y más importante aún ¿de dónde nace esa necesidad? ¿lo queremos nosotras o es una imposición social? “Puesto que podéis hacer varias cosas a la vez, hacedlas..” o “ya que tenéis esa inteligencia innata, utilizadla”. Simplemente invito a la reflexión de para qué nos obligamos a ser multitarea cuando el coste que pagamos es muy alto y los beneficios no son tales. 

He resumido los motivos por los que la multitarea no funciona como técnica de productividad, pero, como siempre digo, lo mejor es la práctica y no tanta teoría. Cuando una es adicta a la multitarea, le cuesta muchísimo, primero, creer en los beneficios de estar enfocada en una sola cosa -pues lo considera una pérdida de tiempo- y segundo, y más importante, ponerlo en práctica. Te reto a trabajar enfocada en una sola tarea durante al menos 20 minutos. ¿Qué me dices? ¿aceptas el reto? Comparte tu experiencia en los comentarios 


2 opiniones en “¿Por qué estoy hasta el moño de la multitarea?”

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