¡UNETE a la Comunidad en CAlma!


Te invito a unirte a la Comunidad en CAlma, un espacio donde compartir consejos, reflexiones, trucos para llevar una vida más consciente, plena y serena. Recibirás en tu correo los artículos de mi blog, así como información sobre servicios o programas nuevos e invitaciones a charlas y formaciones.

Al suscribirte, podrás descargarte de forma totalmente gratuita la Guía para mujeres trabajadoras proactivas con ganas de CAlma “Conoce tu día a día”, que forma parte de mi programa Vivir con CAlma exterior.

No esperes más para compartir tus experiencias con otras mujeres con ganas de CAlma. Te animo a unirte a esta gran Comunidad en CAlma suscribiéndote a mi lista de distribución

¡YA CASI ESTAMOS!

Sigue los pasos y en breve recibirás la guía gratuita

1

Busca el email de confirmación en tu bandeja de correo electrónico

2

Haz click en el link de confirmación que aparece en el email

3

Recibirás otro correo con un link para descargarte la guía gratuita

¿Por qué trabajo con y para mujeres?

¿Por qué trabajo con y para mujeres? es una pregunta que me han planteado en diversos entornos, tanto hombres como mujeres, a la que respondo con gusto explicando mis argumentos, pues me parece que todo cuestionamiento (sea externo o interno) siempre es positivo. Y al dar mi respuesta, me gusta pensar que de una forma u otro también contribuyo a despertar conciencias. No obstante, no sería del todo honesta si no dijera que hay una parte de ese cuestionamiento que me duele: ¿por qué no voy a poder trabajar para mujeres? O lo que es lo mismo, ¿por qué tengo que justificarme?

El artículo de hoy está escrito a partir de estas reflexiones y de mi implicación personal y profesional en las movilizaciones sociales en torno al Día Internacional de la Mujer. Este artículo responde a este porqué y tiene un para qué: para que no deje de hablarse de este tema una vez pasada la tan señalada fecha.

Trabajo ayudando a mujeres trabajadoras a conciliar vida personal y profesional, a ser más productivas no para demostrar su valía, sino para tener tiempo para disfrutar de sí mismas. Porque las mujeres en la sociedad actual occidental se ven inmersas en un circuito de carrera que recorre todas las esferas o ámbitos en los que quieren (o se obligan a) estar presentes, que reduce el tiempo disponible para sí mismas y aumenta su nivel de estrés e insatisfacción. El comentario más común ante esta afirmación es que hoy en día los hombres también se ven sometidos a estas presiones, máxime cuando cada vez es más habitual que el rol de cuidador y ama de casa también sea desempeñado por hombres. Esto es demostrable con cifras que por supuesto no son cuestionables. En este artículo no voy a hablar de brecha salarial (una de las principales razones por las que me manifesté la semana pasada), ni de techo de cristal, ni de la atribución social del rol de cuidadora, ni de discriminación de género en general. Todos estos factores obligan a las mujeres a dedicar más horas, más esfuerzos, más energía a destacar en su ámbito profesional, para demostrar su valía, sin dejar de querer destacar también en su rol como pareja, como hija, como amiga, como madre, etc. Sobre esta “necesidad” de ser superwoman en todos los ámbitos de la vida ya profundicé en el artículo “Paso de ser superwoman, ¿y tú?”, que tiene mucho que ver con la desigualdad de género.

Así pues, si no son estos aspectos los que abordo en este artículo, ¿cómo respondo a la pregunta y argumento mi dedicación especial a las mujeres? La contribución de la mujer a la sociedad a lo largo de la historia ha pasado en gran medida desapercibida, ya que o bien interesaba que no se visibilizara o bien en muchas ocasiones es difícil mostrarla. Baste señalar el gran papel que han desempeñado siempre las mujeres que ejercían el rol de amas de casa o las parejas o compañeras de figuras eminentes cuyo éxito fue atribuido exclusivamente al hombre (a pesar de que sin la colaboración de la mujer no habría sido posible). Sin embargo, no pretendo hacer un recorrido histórico; mi intención es centrarme en casos prácticos, del día a día, en los que quizá te sientas reflejada. A la hora de valorar el trabajo o contribución de la mujeres, existen factores “invisibles”, difícilmente demostrables en cifras –porque no se traducen en comportamientos visibles tampoco–, y que de hecho ni siquiera algunas mujeres son capaces de identificar y menos aún expresar. Me refiero a la carga mental y emocional de las mujeres, que explica en muchos casos el alto nivel de estrés (y de ansiedad o depresión, desafortunadamente en algunos casos) con el que vivimos.

¿En qué consiste esta carga mental y emocional? Dependiendo de las diversas facetas que desempeñe la mujer en su vida, esta carga mental y emocional estará generada por unas actividades u otras. Tomemos como referencia el siguiente arquetipo: mujer trabajadora (por cuenta ajena o cuenta propia), cuyo nucleo familiar está compuesto por ella misma sólo o por ella en una relación de pareja heterosexual (con o sin hijos), y con compromisos con la familia extensa, círculo social o en el ámbito laboral. Ante este escenario, lo más habitual (que no quiere decir que sea la única realidad que se da) es que la mujer esté pendiente de muchas cuestiones “logísticas” (a saber, qué apuntar en la lista de la compra, cómo mejorar el ambiente en el departamento en el que trabaja, cuándo hay que cambiar las sábanas, qué regalarle a los amigos comunes, cuándo toca la vacuna del niño o del perro, cómo cuadrar la reunión de la oficina con recoger al niño del colegio, cómo podría ahorrar en la factura de la luz, etc). Si prestamos atención, estos ejemplos no hacen referencia a quién ejecuta estas tareas (es decir, quién hace la compra, quién recoge al niño, quién cambia las sábanas, etc), sino que son ejemplos de pensamientos o pre-ocupaciones antes de realizar tales tareas. Algunas teorías explican esta tendencia y capacidad de la mujer a estar pendiente de todos estos aspectos desde un punto de vista antropológico (el rol de mujer cuidadora del hogar y la familia frente al rol del hombre cazador o proveedor de alimento). Sea como fuere, la realidad actual es que es mayor el porcentaje de mujeres que de hombres que diariamente tiene en mente estas cuestiones, siendo esta una ocupación mental y emocional difícilmente cuantificable, y por tanto invisible. Sin embargo, lo que sí se ven son los efectos de esta carga mental y emocional, que van desde la irritabilidad o intranquilidad al estrés o la ansiedad, desde una leve sensación de malestar a una gran sensación de vacío o insatisfacción, desde sentirse ignorada o inútil a frustrada por no ver reconocida esta preocupación e implicación. Y probablemente si se analizara desde fuera la situación que vive esta mujer arquetipo en una relación heterosexual, no se vea desigualdad: quizá la carga de tareas esté repartida de forma equitativa, quizá sea una mujer reconocida en su ámbito laboral, quizá tenga una vida social plena, etc. Y sin embargo, la mujer siente continuamente que arrastra un peso que no sabe identificar de dónde procede. Es el caso de muchas de las mujeres que acuden a mí: sienten los efectos, los síntomas, e intentan analizar sus comportamientos y no encuentran la raíz de su estrés o ansiedad. Por ello, trabajo muchísimo el autoconocimiento, la observación del diálogo interno, de los pensamientos y emociones, para posteriormente incidir en las acciones. Una vez hecha una radiografía de tus patrones internos puedes entender mejor por qué tienes ciertos comportamientos, pero si trabajamos sólo sobre tus comportamientos estamos tocando tan sólo la punta del iceberg, lo que se ve, y nos estaríamos olvidando de toda una parte más profunda, invisible a veces pero esencial que explica en gran medida las sensaciones de estrés, intranquilidad, ansiedad, etc.

Si a esta carga mental y emocional en principio invisible le sumamos aquellos otros aspectos más visibles que englobamos bajo los conceptos arriba señalados como desigualdad laboral, brecha salarial, atribución social del rol de cuidadora, etc, la carga es extremadamente pesada. Con todo y con ello, la cuestión es que en el día a día de las mujeres no existe esta división formal en dos categorías que yo acabo de describir (visible e invisible) y ambas se entremezclan a la hora de responder a preguntas como “¿quién deja de trabajar si el niño se pone enfermo?; ¿quién cuida de los padres de ambos miembros de la pareja cuando se hacen mayores?; ¿de cuántas horas (o minutos) al día dispone cada miembro de la pareja para su propio ocio/cuidado/descanso?” Porque las respuestas a estas preguntas quizá no te gusten y te incomodan (tanto si eres mujer como si eres hombre), por eso trabajo con y para mujeres, para ayudar a las mujeres a visibilizar su aportación y sentirse satisfechas por lo que son y no sólo por lo que hacen.

Me encantará leer tu opinión al respecto y tus cuestionamientos, pues como he dicho siempre son fuente de reflexión y de despertar conciencias.


2 opiniones en “¿Por qué trabajo con y para mujeres?”

  1. Hola Patri !!!
    Soy Samu …solo te escribo para decirte que me encanto tu nueva faceta
    La web esta genial incluso sales guapa en las fotos…gran merito fotografico:-)
    Solo desear q todo vaya lo bien que mereces
    Un besazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *