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Sumérgete en tus emociones

¿Cómo va tu diario emocional? ¿Has encontrado tu fórmula para llevar un registro de tus emociones? Si te perdiste el post en el que hablaba de cómo conectar con tus emociones, puedes leerlo aquí. Recuerda que no hay recetas que sirvan para todas, así que puedes hacer tu diario como mejor se ajuste a tu ritmo del día a día o de la forma que más información te de. Pon tu creatividad en marcha: ponle colores a tus emociones, dibuja, recorta, haz lo que más te ayude a conectar con ellas.

Hoy me gustaría profundizar en este tema de tus momentos de conexión con tus emociones. Quizá si ya has empezado a llevar este registro de emociones, en alguna ocasión puede que te haya resultado difícil identificar exactamente qué emoción estabas sintiendo. Quizá simplemente hayas escrito “me siento mal” o “me siento bien”. Ponerle nombre a la emoción nos ayuda a entender la información que esa emoción nos trae.

Como probablemente sepas y estés experimentando, la cuestión de las emociones no es una ciencia exacta, aunque se estudian con procedimientos muy exhaustivos, y hay diversas teorías al respecto. Yo me baso en la teoría de Paul Ekman, psicólogo estadounidense, quien identificó seis emociones básicas: miedo, tristeza, alegría, sorpresa, asco y enfado. A su vez, cada una de estas emociones podría ser el núcleo de una familia de emociones más sutiles. Por ejemplo, la melancolía sería de la familia de la tristeza pero con un matiz de añoranza.

Uno de los motivos por los que a veces resulta difícil identificar la emoción que estás sintiendo es porque existen diferentes tipos de emociones. Leslie Greenberg, psicólogo canadiense, hizo una clasificación de las emociones en primarias (adaptativas y desadaptativas), secundarias e instrumentales. Hoy querría hablarte de las emociones secundarias, que básicamente son las emociones que se esconden bajo otras emociones porque no queremos aceptarlas. Te pongo un ejemplo. Muchas de las mujeres de la sociedad occidental fuimos educadas con la creencia de que una niña no puede enfadarse o que los niños no lloran. Por tanto, es natural desarrollar otra emoción que encubra ese enfado que no nos han permitido sentir. Quizá sea tu caso o no, pero es muy común que cuando las mujeres lloramos no siempre estemos sintiendo tristeza, sino más bien enfado. La cuestión es que no aprendimos a identificarlo y expresarlo de forma natural porque estaba “mal visto”, mientras que sentir tristeza ( y expresarla llorando) estaba más aceptado. Por tanto, es importante desarrollar la capacidad de identificar la emoción que realmente estamos sintiendo y no dejarnos guiar por las manifestaciones superficiales que en ocasiones atienden más a creencias que a lo que nos está sucediendo. En otras palabras, te invito a sumergirte en tus emociones, a zambullirte y no quedarte en la superficie. Porque si no te sumerges tú por voluntad propia, y te dejas guiar por la emoción aparente, no captarás bien el mensaje que hay para ti y tus acciones no irán encaminadas a gestionar la emoción que está llamando a tu puerta. Identificar la emoción que estás sintiendo es esencial para la regulación emocional.


Hace unos años, antes de especializarme en coaching, solía definir mis experiencias emocionales como dejarme llevar por la ola … Lo que ocurría es que en la mayoría de las ocasiones mi sensación era que la ola me arrastraba, me aplastaba… y la recuperación era luego más difícil, porque no había entendido lo que me estaba pasando ni sabía a dónde me había llevado la ola. Es lo que se conoce como el “secuestro emocional”, cuando una emoción se apodera de ti, tú no eres consciente y acabas actuando de una forma que no te gusta o que es dañina, para el entorno y para ti. ¿Te suena? ¿Puedes identificar algún momento en los que la emoción se ha apoderado de ti? ¿Y cómo te sentiste después? No tiene por qué ser necesariamente una emoción desagradable como la tristeza o el enfado, sino que también se da y con mucha frecuencia con emociones agradables como la alegría. A veces estamos eufóricas de alegría y acabamos diciendo o haciendo cosas que pueden ofender a nuestro entorno. O simplemente, fruto del entusiasmo por haber conseguido algo, acabamos comprándonos lo más caro de la tienda y luego nos arrepentimos, por poner un ejemplo práctico.

Ahí radica la importancia de conectar contigo misma, con tus emociones, ir poco a poco conociendo cómo se manifiestan en ti y estar cada vez más familiarizada, acogiéndolas, entendiéndolas, entendiéndote …

Sumérgete en tus emociones, porque si no lo haces tú por voluntad propia, al final la ola te arrasará y te llevará a un lugar al que tú no quieres ir. ¿Te animas a compartir alguna experiencia en la que te arrasara la ola? Ánimo, pues la buena noticia es que ya tienes esa capacidad de conectar contigo, simplemente no nos han enseñado a desarrollarla pero la sabiduría innata está en ti. 


Una respuesta a “Sumérgete en tus emociones”

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